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	<title>A View from the Ridge</title>
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	<pubDate>Fri, 27 Jan 2012 16:04:07 +0000</pubDate>
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		<title>La nieve que se derrit</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jan 2012 16:04:07 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Enero 2012]]></category>

		<category><![CDATA[Manifestar]]></category>

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		<description><![CDATA[Me encanta el sonido de la nieve que se derrite: plin, plin, tin, tin, tin;
un goteo staccato sobre los techos de metal inclinados; la ocasional ruidosa
rotura de un témpano gigante; la burbuja y el borbotón del arroyo de la
montaña  a medida que se hincha y cae valle abajo sobre las rocas pulidas.
Me encanta contemplar con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me encanta el sonido de la nieve que se derrite: plin, plin, tin, tin, tin;<br />
un goteo staccato sobre los techos de metal inclinados; la ocasional ruidosa<br />
rotura de un témpano gigante; la burbuja y el borbotón del arroyo de la<br />
montaña  a medida que se hincha y cae valle abajo sobre las rocas pulidas.<br />
Me encanta contemplar con consciente admiración los blancos y majestuosos picos que pronto se transformarán en verdes, naranjas, morados, rojos y en una gran variedad de matices en constante cambio; una danza entre el sol, las nubes y la niebla; un vals de color y belleza que si bien nunca cambia de pareja, nunca se replica y cada día es un original magistral.<br />
Me encanta la consistencia del cambio; el recordatorio de que, en todos los<br />
aspectos, el invierno nunca dejará de convertirse en primavera: la primavera de la salud, la primavera del crecimiento, la primavera de una relación que  por momentos parece tan fría y desesperanzadora como la helada tundra.</p>
<p>Luego, nos adentramos en el verano: el calor, el fuego, la pasión y la<br />
quemazón; una llamarada cada vez mayor de sudorosas emociones que se elevan, se intensifican in crescendo y nos llevan al otoño: la caída de todo lo que creció, hojas que se deslizan y nos cobijan, y nos preparan para esa época anual de reflexión, cuando el frío hace que nos escabullamos dentro.</p>
<p>El invierno descubre la primavera.<br />
La primavera da paso al verano.<br />
El invierno se desvanece en el otoño.<br />
El otoño se aferra desesperadamente a sus líneas de vida, como un borracho<br />
que chupa su último sorbo o como el niño que al llegar al último bocado de<br />
helado le agrega agua al recipiente para llenarlo nuevamente, ajeno a la<br />
pérdida de sabor, con ganas de más cuando ya no puede tener ni una pizca,<br />
salvo en el mundo de la ficción.<br />
A pesar de ello, el invierno comienza, a veces suave, a menudo con una furia<br />
desatada que nos bloquea sin piedad, paralizándonos.<br />
Nos ponemos a buen recaudo de sus elementos.</p>
<p>Quietas, las semillas permanecen dormidas, enterradas en la espera,<br />
pacientes y sin dejarse intimidar.<br />
En la victoria, encontramos la causa de la derrota, la inmensa celebración<br />
del verano que nos hace perezosos y letárgicos, soñolientos al volante.<br />
En la derrota, saboreamos el trago amargo que nos sacude despertándonos,<br />
luchamos por levantarnos, encontramos la fuerza para recordar que la única  diferencia entre un surco y una tumba es su profundidad.<br />
En la derrota, definimos el carácter, un constante caminar sobre la cuerda<br />
floja hacia el temperamento y endurecimiento para lograr fuerza, mientras de alguna manera, de alguna forma, nos aferramos a los fugaces vestigios de la suavidad, la bondad y la compasión, compañeros esquivos que con mucha  frecuencia resultan anulados en la lucha.<br />
En la derrota, descubrimos nuestro verdadero yo.</p>
<p>Los sabios se lamen las heridas, dejan los cortes expuestos, observan,<br />
recobran fuerza, aprenden, sanan y vuelven a empezar.<br />
Los tontos, en cambio, andan a tientas y ciegas en busca de la curita más<br />
cercana.<br />
El invierno no importa.</p>
<p>Espera.<br />
¿Es ése un solitario copo de nieve que flota en el aire?<br />
¿Podría el invierno concedernos la gracia de unos cuantos momentos más de  introspección y preparación, un último suspiro de tranquilidad antes de<br />
cosechar todo lo que se sembró, antes de que los brotes se revelen a sí<br />
mismos y a nosotros en el recuento que no perdona de este año?<br />
Eso creo.<br />
Aún tenemos tiempo.<br />
Dejemos que caiga la nieve.</p>
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		<title>Sigue Manifestando</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Dec 2011 02:57:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Blog]]></category>

		<category><![CDATA[Diciember de 2011]]></category>

		<category><![CDATA[Manifestar]]></category>

		<category><![CDATA[Revistas]]></category>

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		<description><![CDATA[El sol se deslizó sobre el horizonte y se alojó por encima del litoral, bañando la playa en un cómodo resplandor matutino.
Nubes solitarias salpicaban el telón de fondo; perezosos holgazanes andaban sin prisa por el cielo, calmados; filósofos de cabello blanco contemplaban el ajetreo de abajo.
Corrí con un par de libélulas por el camino, eché [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El sol se deslizó sobre el horizonte y se alojó por encima del litoral, bañando la playa en un cómodo resplandor matutino.<br />
Nubes solitarias salpicaban el telón de fondo; perezosos holgazanes andaban sin prisa por el cielo, calmados; filósofos de cabello blanco contemplaban el ajetreo de abajo.<br />
Corrí con un par de libélulas por el camino, eché una mirada a los trabajadores que terminaban el techo de otra casa de un millón de dólares, observé el nuevo barco de pesca estacionado en la entrada de una de las propiedades alquiladas frente al mar.</p>
<p>Abundancia por doquier, abundancia de belleza, abundancia de fortuna.<br />
Otro día en el paraíso.</p>
<p>Esto me plantea una pregunta inquietantemente fascinante.<br />
¿Por qué algunos sí y otros no?<br />
¿Por qué los constructores de lujosos condominios de varios pisos viven en casas rodantes en ruinas?<br />
Por otro lado, ¿por qué la riqueza material provoca tanta carencia de relaciones?</p>
<p>Nadie puede negar la elasticidad de nuestro universo, su increíble poder de regeneración y su permanente capacidad para proveer. Las flores crecen, vibrantes, coloridas, gloriosas, pocos minutos después del paso de un tornado o del retroceso de una inundación.<br />
Vivimos rodeados de una fuente inagotable de abundancia.<br />
¿Cómo fluye todo?</p>
<p>¿Puede la persona que gana $25,000 al mes ser diez veces más inteligente que alguien que gana $2,500, y el financista que gana $250,000 en el mismo período incluso diez veces más sabio?</p>
<p>Eso no tiene sentido.<br />
¿Cómo es que un hogar repleto de muebles usados y de niños amontonados comparte alegres comidas de macarrones con queso sazonados con risa, a pesar de que el plazo para pagar el alquiler ya ha vencido hace tiempo?<br />
La mente se aturde y se confunde.</p>
<p>Echemos un vistazo al medio ambiente.<br />
La marea sube y baja.<br />
El invierno abre paso a la primavera.<br />
Los cultivos de verano se convierten en plantaciones de otoño.<br />
La luna sale de noche y ha sido así desde tiempos inmemoriales.</p>
<p>Echemos un vistazo a la cuestión del dinero.<br />
Algunos de nosotros tenemos muchísimo, mientras que otros no.<br />
Algunos de nosotros ganamos mucho, mientras que otros apenas sobrevivimos.</p>
<p>A menos que vivas en la cima de una montaña, un rápido paseo por el vecindario revelará los diferentes tamaños de cuentas bancarias sin que esto tenga un gran impacto en el cociente de felicidad.<br />
Aquellos que se sientan en primera clase a menudo parecen más gruñones que el resto de nosotros en la clase económica.<br />
Vaya uno a saber.</p>
<p>Sino vamos a plantear una solución, por lo menos digamos lo obvio:<br />
La prosperidad, en todas sus encarnaciones, proviene del interior.</p>
<p>La manera en que se presenta y decora nuestro mundo —bueno— depende de nosotros.<br />
Estoy convencido de que podemos aprender las habilidades para generar riqueza, pero la disciplina debe venir desde el interior.<br />
La mayoría de nosotros tiene los músculos necesarios para sonreír, pero el impulso emana del interior.<br />
Las trampas sólo traen alegrías fugaces, mientras que la alegría duradera nace del corazón, un organismo activo que vive y respira y que sólo puede sobrevivir en un lugar: el interior.</p>
<p>¿Cuánto esfuerzo pones en tu vida interior, sembrando, nutriendo, cultivando, cosechando y celebrando tu propia generosidad?<br />
Si juzgamos a nuestro árbol por el fruto que da, entonces eres tú la única persona que puede decidir si tu cosecha actual coincide con tus expectativas.</p>
<p>Si no lo hace, ya sabes a quién recurrir.</p>
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		<title>Gana respeto con la verdad</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Nov 2011 20:41:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[Noviembre 2011]]></category>

		<category><![CDATA[Prosperidad]]></category>

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		<description><![CDATA[La multitud vitoreaba mientras el joven cruzaba el escenario para recoger su premio como mejor productor de la compañía. Aceptó el micrófono, miró detenidamente a la audiencia, titubeó e hizo una pausa obvia y elocuente que esparció el silencio en la sala.
Lo vi enfrentarse a su miedo, luchar con la duda que siempre se cuela [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La multitud vitoreaba mientras el joven cruzaba el escenario para recoger su premio como mejor productor de la compañía. Aceptó el micrófono, miró detenidamente a la audiencia, titubeó e hizo una pausa obvia y elocuente que esparció el silencio en la sala.<br />
Lo vi enfrentarse a su miedo, luchar con la duda que siempre se cuela en nosotros. Pero, sólo le tomó un momento volver a intentarlo.</p>
<p>&#8220;Durante los últimos tres meses he sufrido varios golpes&#8221;, comenzó. &#8220;Y siento la necesidad de compartir parte de mi historia con ustedes, aunque en realidad no sé por qué&#8221;.<br />
Su actitud, generalmente confiada, incluso arrogante, se había despojado de bravuconería.</p>
<p>&#8220;Hace unos cuatro meses, uno de mis colegas me llamó para hablarme sobre este nuevo sistema de marketing, se trataba de una herramienta para enviar faxes en masa que podía llegar a miles de clientes potenciales a un costo muy bajo.&#8221; Hizo una pausa. &#8220;La revisé, me emocioné y me inscribí.<br />
Para abreviar la historia les diré que después de haber enviado miles de faxes, un agente judicial se presentó para entregarme unos documentos.<br />
Parece que lo que estaba haciendo era ilegal.<br />
Una de las empresas que recibió uno de estos envíos se quejó ante el fiscal general quien presentó una demanda en contra de mí, pero no sólo fue por ese fax, sino que debía pagar una multa por cada uno de los faxes que envié.&#8221;</p>
<p>La multitud dio un grito ahogado.<br />
&#8220;No hice una investigación adecuada, no presté atención a los detalles y ahora me enfrento a un proceso judicial con una potencial responsabilidad legal enorme.&#8221;</p>
<p>Doscientas personas se clavaron en sus sillas.<br />
&#8220;Como algunos de ustedes saben, hace poco me mudé aquí desde la parte sur.&#8221;  Pasó los dedos por su cabello.<br />
&#8220;Guardé mis cosas en mi antigua oficina que cerramos.<br />
Cuando regresé en el auto para recoger mis cosas, me di cuenta de que todo, excepto mi computadora y la ropa que llevaba conmigo, había desaparecido.<br />
Cada recuerdo, cada memoria y cada posesión habían sido robados.&#8221;</p>
<p>Nadie se movió.<br />
&#8220;Pero las cosas no quedaron allí, se pusieron peores. Como algunos de ustedes saben, conduzco un auto deportivo, un convertible completamente negro con las palabras, mi orgullo y alegría. Me encanta ese auto.&#8221;<br />
Su voz se quebró un poco.<br />
&#8220;Pero, ya es historia&#8221;,  añadió.</p>
<p>Un recuerdo inundó su mente.<br />
&#8220;Como a veces sucede, un tipo me cerró el paso.<br />
En lugar de dejarlo así, mi ego entró en acción.<br />
Al subir por la rampa pisé el acelerador, me pasé la última curva, perdí el control a 85 kilómetros por hora, di un giro por tres carriles, golpeé una barandilla y reboté en dos.</p>
<p>Destrocé el auto y por caprichos del destino, salí caminando sin un solo rasguño.&#8221;</p>
<p>La sala suspiró aliviada.<br />
&#8220;Como estaba conduciendo, no revisé mi correo y me olvidé de pagar una cuota del seguro.  No sé qué va a pasar.&#8221;<br />
El auditorio sacudió la cabeza con consternación.</p>
<p>&#8220;En tres meses, fui demandado, perdí todo lo que tenía e hice polvo mi auto.&#8221;<br />
Se recompuso.<br />
&#8220;Todos nos enfrentamos a desafíos&#8221;, sonrió, &#8220;y algunos son más difíciles que otros.<br />
Supongo que quería compartir el mío con ustedes.<br />
Gracias por su atención.&#8221;<br />
Abandonó el estrado en medio de una prolongada ovación.</p>
<p>De pie en el fondo de la sala, me di cuenta de la cantidad de respeto que ese joven había ganado.<br />
Se enfrentó a su miedo, admitió públicamente sus errores y nunca dejó de pelear, a pesar de los obstáculos.<br />
Ese día, ganó mucho más que un trofeo.</p>
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		<title>Haz que los errores cuenten</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Oct 2011 18:35:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Blog]]></category>

		<category><![CDATA[Octubre 2011]]></category>

		<category><![CDATA[Prosperidad]]></category>

		<category><![CDATA[Revistas]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace un tiempo, uno de mis hermanos cometió un error en el trabajo, que le costó un montón de dinero a un cliente.
Hicieron acusaciones, señalaron con los dedos, gritaron como desaforados, entablaron una demanda y después de un fallido intento por resolver la disputa, terminaron en los tribunales —la típica batalla de una compañía de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace un tiempo, uno de mis hermanos cometió un error en el trabajo, que le costó un montón de dinero a un cliente.<br />
Hicieron acusaciones, señalaron con los dedos, gritaron como desaforados, entablaron una demanda y después de un fallido intento por resolver la disputa, terminaron en los tribunales —la típica batalla de una compañía de seguros.<br />
Qué se va a hacer, hay cosas que pasan.</p>
<p>Por un lado, no me opongo al proceso.<br />
Las compañías de seguros cobran primas periódicas a un gran número de asegurados y acumulan cantidades significativas de capital.<br />
Cuando un asegurado tiene un problema, la compañía de seguros asigna una parte de esos fondos para resolver el asunto: el clásico manejo de riesgos.<br />
Desde un punto de vista económico, si no se produce una gran catástrofe debido a la cual muchos asegurados reclaman pérdidas simultáneas, el modelo funciona.</p>
<p>Mi reto radica en el lado humano.<br />
¿Por qué seguimos aferrándonos a esa necesidad bárbara de vilipendiar, castigar y humillar a aquellos que cometen errores, haciéndoles (y haciéndonos) sentir indignos, sucios o mal?<br />
“¿Escuchaste que fulano de tal hizo esto y aquello?  Uuuuy, en esa casa hay un gran problema.”</p>
<p>Aquellos que llevan una vida plena pagarán el precio de un mayor número de errores y desatinos.<br />
Incluso la más protegida de las existencias incluirá una buena cantidad de fallos y metidas de pata.<br />
Ya que es inevitable cometer errores, debemos cambiar nuestra perspectiva.</p>
<p>¿Qué te parece si…?<br />
Paso 1: Admitimos el error.<br />
Paso 2: Asumimos la responsabilidad por él.<br />
Paso 3: Meditamos y reflexionamos sobre la situación. ¿Qué podríamos haber cambiado? ¿Qué podríamos haber hecho diferente?<br />
Paso 4: Decidámonos a no tener el mismo descuido la próxima vez.<br />
Paso 5: Sigamos adelante.  Salgamos y dejemos nuestra huella en el mundo, armados de más madurez, más experiencia y una mayor capacidad para contribuir.</p>
<p>Si luego de cometer un error,  mostramos responsabilidad personal y una renovada determinación para cambiar de comportamiento cuando nos enfrentamos a situaciones similares, lo convertimos en una lección.<br />
En cambio, si preferimos regodearnos en el error o auto-incriminarnos, permaneceremos enganchados en el problema, en lugar de concentrarnos en las soluciones: un pasaje garantizado a la amargura, el arrepentimiento y la rigidez.</p>
<p>Es interesante cómo un estudio tras otro ha demostrado que aprendemos más entre los 3 y los 7 años, y que nuestros cerebros se expanden y crecen de forma exponencial durante este período.<br />
¿Acaso es coincidencia que justamente durante esos años cometemos la mayoría de errores?</p>
<p>Quizás debamos cambiar un poco nuestro punto de vista, celebrar que somos humanos, aceptar nuestras imperfecciones, dar la bienvenida a la enseñanza que obtenemos al retar defectos o deficiencias y reconocer el valor de una buena caída.<br />
No sé tú, pero parece que meto la pata de forma bastante regular, a menudo en grandes proporciones y no veo  que eso vaya a cambiar mucho en el corto plazo.<br />
Supongo que eso significa que me encuentro en una elevada pendiente de aprendizaje.<br />
¡Qué divertido!</p>
<p>Además, la mayoría de nosotros considera que la perfección es muy aburrida.</p>
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		<title>Da la Mano</title>
		<link>http://richeli.com/revistas/el-ratoncito/</link>
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		<pubDate>Thu, 01 Sep 2011 18:32:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Blog]]></category>

		<category><![CDATA[Inspiración]]></category>

		<category><![CDATA[Manifestar]]></category>

		<category><![CDATA[Revistas]]></category>

		<category><![CDATA[Septembre 2011]]></category>

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		<description><![CDATA[El capitán Linus surcó la primera y única ola con calma. Ésta se estrelló en la proa y lo empapó hasta los huesos a medida que penetrábamos por el claro.
Se aferró rápido al mango negro que utilizamos para llevar el kayak y no dijo nada.
Aparte del oleaje, el mar ocupaba la arena que estaba debajo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El capitán Linus surcó la primera y única ola con calma. Ésta se estrelló en la proa y lo empapó hasta los huesos a medida que penetrábamos por el claro.<br />
Se aferró rápido al mango negro que utilizamos para llevar el kayak y no dijo nada.</p>
<p>Aparte del oleaje, el mar ocupaba la arena que estaba debajo, meciéndose rítmicamente hacia adelante y hacia atrás, aún oscuro por las partículas en suspensión agitadas por la tormenta de ayer.<br />
Nos alejamos de la orilla remando, giramos y pusimos a descansar los remos, dejándonos llevar a la deriva para el suave viaje de regreso, impulsado por un océano perezoso.</p>
<p>&#8220;Quiero nadar&#8221;, exclamó Linus.<br />
&#8220;Anda&#8221;, le contesté.<br />
Me di cuenta de que mitigó su deseo juguetón con un matiz de incertidumbre.</p>
<p>&#8220;¿Allá abajo hay tiburones?&#8221;, preguntó.<br />
&#8220;Sí, hijo&#8221;. Posé mi mirada en sus exigentes ojos.<br />
&#8220;A los tiburones no les gusta comer gente. No te preocupes. Puedes ir.&#8221;</p>
<p>Su mirada pasaba del agua a mí y viceversa, una y otra vez.  Me topé con su mirada serenamente.<br />
&#8220;Los tiburones sí pueden comer gente&#8221;, afirmó.<br />
&#8220;Sí, sí pueden&#8221;, le respondí.&#8221;Pero no les gusta, les gusta los peces&#8221;.</p>
<p>Fascinado, observé cómo zumbaba su floreciente mente de 4 años.<br />
&#8220;¿Pececitos?&#8221;, cuestionó.<br />
&#8220;Y a veces, también peces grandes&#8221;, reafirmé.<br />
&#8220;Les gusta comer peces&#8221;.</p>
<p>No sabría decir si mis palabras tuvieron algún impacto.<br />
&#8220;Las rayas se comen a las personas&#8221;, afirmó.<br />
&#8220;No, no es así. Las rayas nunca han comido a nadie.  Las rayas comen algas marinas.&#8221;<br />
Linus luchaba consigo mismo: espíritu aventurero vs. alma prudente, un tira y afloja entre asombro<br />
y miedo.</p>
<p>&#8220;Quiero entrar, papi&#8221;, repitió.<br />
&#8220;Salta&#8221;, sugerí en voz baja.<br />
&#8220;No hay tiburones allá abajo, ¿no?&#8221;, suplicó.<br />
&#8220;Sí, hijo.  Allá abajo hay tiburones.  Pero no te molestarán porque no eres un pez.&#8221;</p>
<p>Durante bastante tiempo, flotamos.  El sol de la tarde se tornó carmesí y envió un extenso rayo<br />
con rastros dorados directamente hacia nosotros<br />
a lo largo del golfo.</p>
<p>&#8220;Quiero nadar bajo la sombra del sol&#8221;, decidió Linus.<br />
&#8220;Déjame girar el bote&#8221;, le contesté y le di vueltas al kayak hasta que los rayos besaron la superficie.</p>
<p>&#8220;¿Así está bien?&#8221;, dije al frotar los dedos por<br />
su cabello.<br />
&#8220;Mantenlo aquí, papá&#8221;, decretó Linus, con firmeza.<br />
Le sonreí y moví la cabeza hacia arriba y hacia abajo.</p>
<p>Comenzó a bajarse y luego se detuvo, indeciso.<br />
&#8220;Puedes hacerlo&#8221;, le aseguré. &#8220;Está bien&#8221;, dije una vez más.<br />
&#8220;Quiero que me tomes de la mano, papá&#8221;, me pidió.<br />
&#8220;Claro&#8221;, tomé su pequeña mano dentro de la mía. &#8220;Te tengo&#8221;.</p>
<p>Arrugó los labios en demostración de tímida valentía, se agarró con fuerza y bajó a la oscuridad.<br />
Inmediatamente, sonrió. Pude verlo pateando como un cisne debajo de la superficie.<br />
Lo logró.</p>
<p>Mi hijo, como a menudo lo hace, me recordó una lección valiosa. A veces, podemos necesitar un<br />
poco de aliento y una mano amiga para enfrentar nuestros miedos.</p>
<p>¿Y tú?<br />
¿A quién te acercarás hoy?<br />
¿La mano de quién aceptarás?</p>
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		<title>El ratoncita</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Aug 2011 20:00:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Augusto 2011]]></category>

		<category><![CDATA[Blog]]></category>

		<category><![CDATA[Inspiración]]></category>

		<category><![CDATA[Revistas]]></category>

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		<description><![CDATA[¿A dónde vas ratoncito?
Al entrar al baño, descubro a un amiguito.
Sus ojos, apostados a un lado de la cabeza me decían que tenía miedo pues quedó atrapado en un ambiente desconocido.
Brevemente sobresaltado, percibo que una sonrisa se comienza a dibujar - un espíritu afín a la energía detrás de los ojos asustados.
Me quedo paralizado, no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿A dónde vas ratoncito?</p>
<p>Al entrar al baño, descubro a un amiguito.<br />
Sus ojos, apostados a un lado de la cabeza me decían que tenía miedo pues quedó atrapado en un ambiente desconocido.<br />
Brevemente sobresaltado, percibo que una sonrisa se comienza a dibujar - un espíritu afín a la energía detrás de los ojos asustados.</p>
<p>Me quedo paralizado, no dispuesto a dejar que el momento pase.<br />
Veo a mi amigo el ratón escabullirse entre mis pies y dirigirse a la otra habitación donde iba a descansar.<br />
Espero, sin intención de causar algún temor, sonriendo y preguntándome, ¿adónde irá?</p>
<p>Cautelosamente, salgo.<br />
Y ahora, ¿qué?<br />
Me asomo debajo de la cama.</p>
<p>Nada.<br />
Echo un vistazo debajo de la mesita de noche.<br />
Veo una cabecita detrás de la pata.<br />
Los mismos ojos saltones y amistosos.<br />
Me inclino hacia atrás.<br />
La cola se extiende una pulgada o menos.<br />
Mi amigo.</p>
<p>¿Qué daño podría causar, me pregunto?<br />
¿Cómo podría meterse en la cama?<br />
Manipulo mi computadora.<br />
Prende, por favor.  Te necesito.</p>
<p>Mientras presiono las teclas, mi amigo regresa&#8230; sobre la cama.<br />
Por un breve momento, siento temor: hay un ratón en mi cama, ¿qué pasa si lo pierdo? ¿Y si se me sube encima en la noche?<br />
Rápidamente, regresa el sentido de maravillarse.<br />
¿Y si me pierdo este momento?</p>
<p>Me siento.  De forma muy quieta, escribo.<br />
En este mismo instante, el ratón se arrastra por la chaqueta de lana que coloqué en el extremo de la cama.<br />
Tres o cuatro veces cruza la colcha, como un jugador que corre por el campo para anotar un touchdown.<br />
En este instante, lo pierdo de vista.<br />
¿Dónde está mi amigo?<br />
¿Qué debo hacer para liberarlo?<br />
¿Qué debo hacer para liberarme del temor de quedarme dormido?</p>
<p>Una y otra vez, mi amigo cruza la colcha.<br />
Parece que trepar a la cama podría ser mucho más fácil que bajar.<br />
¿Quizás no sabe cómo hacerlo?, me pregunto.</p>
<p>En este espacio único, me encanta el viaje de ser un artista -el viaje de la fascinación- el viaje del momento.</p>
<p>Aaahhh, mi amigo nuevamente llega al suelo.<br />
Mi visión periférica lo alcanza a ver, aunque no me muevo, salvo por los dedos en el teclado que él no puede ver.<br />
¿Cómo puedo ayudarlo?</p>
<p>Es hora de irme.  Tengo que hacer un trabajo.<br />
Tengo un amigo que necesita alcanzar la libertad.</p>
<p>Siento sus latidos mientras coloco delicadamente la chaqueta sobre mi amigo.  Siento el miedo, el instinto, el temblor.  Siento que mi propio corazón salta con el movimiento, el calor de ese cuerpecillo, lo desconocido.<br />
Siento la alegría, mientras libero a mi amigo en el campo y lo veo alejarse en la noche.<br />
Hoy dormiré bien y espero que tú también, mi amigo&#8230;</p>
<p>Así es La Vista del Monte&#8230;</p>
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		<title>Inicios Fenomenales</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jul 2011 23:17:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[En mis viajes por el país, siempre termino conversando acerca de hablar.
&#8220;Me gustaría hablar contigo acerca de cómo convertirme en orador&#8221;, comienza la conversación.
La mayoría de estos diálogos provienen de gente sincera y bien intencionada con sueños maravillosos.
&#8220;¿Qué tengo que hacer para ser un gran orador?&#8221;, se preguntan.
Para esta pregunta, tengo una respuesta estándar.
&#8220;Aproximadamente 500 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En mis viajes por el país, siempre termino conversando acerca de hablar.<br />
&#8220;Me gustaría hablar contigo acerca de cómo convertirme en orador&#8221;, comienza la conversación.<br />
La mayoría de estos diálogos provienen de gente sincera y bien intencionada con sueños maravillosos.</p>
<p>&#8220;¿Qué tengo que hacer para ser un gran orador?&#8221;, se preguntan.<br />
Para esta pregunta, tengo una respuesta estándar.<br />
&#8220;Aproximadamente 500 discursos&#8221;.<br />
Siempre digo lo mismo y lo creo desde el fondo de mi corazón.<br />
No hay sustituto para estar de pie en frente de una sala, una y otra vez.</p>
<p>Empecé a reflexionar sobre esta pregunta con un poco más de profundidad.<br />
¿Qué respuesta podría yo dar que pudiera ayudar a los oradores, tanto nuevos como experimentados?<br />
¿Qué fórmula secreta podríamos evocar que pudiera servir para todos sin excepción?<br />
Ya sé.</p>
<p>Inicios fenomenales.<br />
Si hay algo que puede salvar un discurso y dar a la audiencia el marco  adecuado para escuchar, es un inicio fenomenal: un inicio que los  atrape, los clave en sus asientos y los predisponga a creer que lo que  están a punto de escuchar será fantástico.<br />
Acato la regla de los 15 segundos.<br />
Tengo 15 segundos para lograr la conexión o estaré dando marcha atrás durante el resto de la conferencia.</p>
<p>Eso significa nada de saludos, nada de holas, nada de palabras desperdiciadas.<br />
Los primeros 15 segundos equivalen al horario estelar, la hora del espectáculo.</p>
<p>En mi repertorio personal, dispongo de tres discursos pulidos, aunque  francamente un gran discurso es suficiente, sobre todo para empezar.<br />
En el primer discurso, abro con una historia sobre mi amor por los  trenes, y el día en que mi hermano y yo decidimos poner un cochecito de  bebé en medio de los rieles, para ver lo que sucedería cuando llegara el  tren de las 4 de la tarde.<br />
En el segundo, comienzo a contar el salto que hice desde una grúa con una cuerda elástica atada alrededor de los tobillos.<br />
En el tercero, narro cómo ayudé a traer al mundo a mi hija, usando un  teléfono celular para seguir las instrucciones de la partera que estaba  atrapada en medio del tráfico en una autopista de Los Angeles en la hora  punta de la mañana.</p>
<p>Siempre lo logro.<br />
Hace que el resto sea mucho más fácil.<br />
Si hay algo que te puede poner en buen camino, es tu inicio.</p>
<p>Un par de consejos.<br />
En primer lugar, no hagas bromas a menos que la broma sea sobre ti,  —como cuando narras una divertida experiencia personal— o seas un  brillante, y me refiero a un brillante contador de chistes.<br />
En segundo lugar, una vez que te hayas &#8220;apoderado del escenario&#8221; al  hacer pausas, observar y dejar que la atención de la audiencia se dirija  a ti, comienza directamente por tu mejor material.<br />
En tercer lugar, ensaya, ensaya, ensaya.<br />
Por último, si quieres estar a la altura de una estrella de Broadway, tienes que contar TU historia, no la de otra persona.</p>
<p>Me toma alrededor de 100 horas pulir un discurso, entre escribirlo y  ensayarlo, antes de que lo pronuncie frente a una audiencia.<br />
Paso mucho de ese tiempo dedicado al inicio (y cierre).<br />
¿Por qué?<br />
Porque eso es lo que realmente funciona</p>
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		<title>Solo Presente.</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jun 2011 22:54:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[Junio 2011]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay días en que me despierto completamente exhausto.
Carezco del entusiasmo habitual que caracteriza la mayoría de mis mañanas, sin ninguna causa o razón aparente.
Si por mí fuera, nada me gustaría más que volver a la cama y acurrucarme con mi almohada favorita.
En cambio, arrastro mi viejo cuerpo hacia la cocina en busca de un poco [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay días en que me despierto completamente exhausto.<br />
Carezco del entusiasmo habitual que caracteriza la mayoría de mis mañanas, sin ninguna causa o razón aparente.<br />
Si por mí fuera, nada me gustaría más que volver a la cama y acurrucarme con mi almohada favorita.</p>
<p>En cambio, arrastro mi viejo cuerpo hacia la cocina en busca de un poco  de comida reconfortante para ver si eso me hace cambiar de ánimo.<br />
Nada mejor que un plato de huevos cargado de colesterol, reforzado por  dos buenas tostadas embadurnadas en mantequilla para aliviar el espíritu  y contribuir a mi malestar general.<br />
Ahora, con la barriga llena y regordeta, puedo incorporar la pereza a mi estado general.<br />
¡Sin duda, una combinación ganadora!</p>
<p>Lamentablemente, al igual que la mayoría de personas, no puedo darme el lujo de tomar un descanso cuando me plazca.<br />
El deber llama, como dicen por allí, y éste puede adoptar la forma de  trabajo, hijos, fechas límites o de cualquier otra cosa.<br />
Debo hallar la manera de desterrar la gloriosa imagen de un perezoso  que se aferra con nostalgia a un tronco en los recovecos de mi  imaginación y comenzar a moverme.<br />
¡Qué desagradable!</p>
<p>Con los años, he descubierto una fórmula mágica.<br />
El truco número uno para hacer que nuestro cerebro pase de neutral a en marcha es, en realidad, muy simple:<br />
Sólo preséntate.</p>
<p>Descubre la manera de arrastrar tu cuerpo hasta la estación y encárgate de él.<br />
Una vez allí, da un reacio y pequeño paso a la vez y embárcate.<br />
A falta de inspiración, nada combate la inercia con mayor rapidez que el movimiento.</p>
<p>Al igual que el sol derrite el rocío de la madrugada, el movimiento suele eliminar la niebla que cubre el cerebro.<br />
Los engranajes mentales comienzan a engancharse, las tomas de corriente  creativas se abren a regañadientes, comenzamos a poner en marcha más de  un cilindro.<br />
A medida que la niebla se convierte en vapor y se desvanece, la claridad toma el control.<br />
&#8220;Oye, hoy tengo un propósito. Es hora de avanzar en esa dirección.&#8221;</p>
<p>No todos los días pueden ser de campeonato.<br />
Casi siempre, la mayoría de nosotros nos consolamos con tan solo estar en el campo de juego.<br />
Evita recriminarte.<br />
Las personas de alto rendimiento tienden a ignorar su humanidad,  mientras que las de bajo rendimiento rompen el látigo sobre sus  espaldas.</p>
<p>Date un respiro.<br />
Permítete ser humano.<br />
Si tu mañana tiene el sabor de un Krispy Kreme, tómate otra taza de café para contrarrestar el azúcar.<br />
Cuando salgas de la rampa de entrada, pon tu canción favorita y súbele el volumen.<br />
Canta a coro.<br />
Te apuesto a que podrás arrancar una pizca de sonrisa de ese ceño fruncido.<br />
Cuando te pones en marcha, el mundo se mueve contigo.</p>
<p>Es curioso cómo algunos de mis mejores días se inician con una espesa niebla.<br />
El pasar de &#8220;no puedo levantarme de la cama&#8221; a &#8220;ok, bien, un día más de  pelea&#8221; a &#8220;vaya, creo que me está gustando lo que está fluyendo&#8221; no  siempre sucede con facilidad o sin dolor.<br />
Hay días en que esto no sucede en lo absoluto.</p>
<p>Sé que me doy la mejor oportunidad posible cuando cumplo con ese requisito fundamental:<br />
Me presento.</p>
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		<title>Solo di que NO.</title>
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		<pubDate>Sun, 01 May 2011 19:57:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[Mayo de 2011]]></category>

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		<description><![CDATA[La mujer dio un rápido vistazo  a su cabello mientras salía corriendo del baño.
Como siempre, se pondría el maquillaje en el auto.
“Los zapatos”, gritó de forma automática. “Todo el mundo necesita zapatos”.
Echó un vistazo a la cocina y vio que su marido untaba mantequilla en la tostada que comerían en el camino.
“Vamos chicos”, suplicó. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La mujer dio un rápido vistazo  a su cabello mientras salía corriendo del baño.<br />
Como siempre, se pondría el maquillaje en el auto.<br />
“Los zapatos”, gritó de forma automática. “Todo el mundo necesita zapatos”.</p>
<p>Echó un vistazo a la cocina y vio que su marido untaba mantequilla en la tostada que comerían en el camino.<br />
“Vamos chicos”, suplicó. “Necesito que se vistan y salgan en este instante. Se nos hace tarde.”<br />
Los dos niños pequeños desfilaron por el pasillo en diversas etapas de desnudez.</p>
<p>“Amor, ¿puedes recoger a Sarita?”, preguntó la mujer. “Tengo una reunión del comité a las 3 de la tarde”<br />
“Lo siento”, contestó el esposo. “Estoy atestado de clientes toda la tarde hasta las 6”. Le entregó los emparedados de mermelada y le dio un besito en la mejilla.<br />
“¿Tu mamá puede hacerlo?”, continuó él.  “Yo me puedo encargar de la cena.  ¿No tienes un festejo de PTA esta noche?”<br />
“Sí, Dios mío”, respondió ella, exasperada. “Lo había olvidado.”</p>
<p>“Tengo que re-programar la salida nocturna”, afirmó el hombre con tono de disculpa. “Era el único día disponible para una reunión de la junta. ¿Qué te parece el jueves?”<br />
La mujer negó con la cabeza.<br />
“No se puede”, suspiró ella. “Es la fiesta sorpresa de Sally y estoy a cargo de los refrescos.  Por cierto, tienes que ir.”</p>
<p>“¿Y el viernes?”<br />
La mujer negó nuevamente con la cabeza. “No hay nadie que ayude. Ya traté  porque hablamos de ir a la inauguración del centro de música.”<br />
“Creo que podemos llevar a los niños al cine y tener una salida familiar”, dijo el hombre, forzando una sonrisa.<br />
“Más tarde hablamos de eso”, respondió. “Tengo que irme”.</p>
<p>¿Te suena familiar?<br />
Pasamos apresuradamente de una actividad a otra, copando nuestro calendario con toda clase de actividades desde eventos de caridad, funciones sociales, deportes de los niños, hasta un gran número de responsabilidades extra-curriculares y voluntarias.<br />
Por desgracia, tenemos que pagar un precio y a veces es demasiado alto.</p>
<p>Agendas excesivamente llenas nos mantienen tan ocupados que el tiempo pasa sin darnos cuenta.<br />
Nos despertamos periódicamente para darnos cuenta de que otro mes, otro trimestre, otro año ha pasado casi desapercibido.<br />
Los niños crecen, el trabajo tiene sus altibajos, hacemos nuestro mayor esfuerzo por contribuir a la comunidad, ¿qué otra cosa podemos hacer, verdad?</p>
<p>Falso.<br />
Podemos aprender a decir que “NO.”<br />
Podemos tomar esa Palm Pilot o nuestra agenda y marcar dos grandes X en por lo menos dos o tres días y el fin de semana, y acostumbrarnos a respetarlos.</p>
<p>Cuando te pidan asistir a otro sabe Dios qué, simplemente di que ”NO”.</p>
<p>No te compliques.<br />
Al igual que con todo, tenemos que acostumbrarnos a hacerlo.</p>
<p>Al final del día, podemos tener razones o podemos tener resultados.<br />
Podemos tener razones de por qué nuestros hijos se convirtieron repentinamente en adolescentes — teníamos que ocuparnos de la empresa.<br />
Podemos tener razones de por qué perdimos esa conexión íntima con nuestro cónyuge, hermano, amigo de toda la vida, etc., etc.<br />
Podemos justificar, explicar y razonar  durante una década entera.</p>
<p>O podemos optar por los resultados.<br />
Resultados verdaderos.<br />
Niños felices, relaciones maravillosas, grandes amigos.</p>
<p>No tienes que ser miembro de todos los paneles, participar de cada campaña local o ganar reputación como el eterno hombre o mujer “corre corre”.<br />
Nadie tiene tanta importancia – salvo quizás tus hijos y tu pareja en casa.<br />
Solo di que ”NO”.</p>
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		<title>El secreto de Joe</title>
		<link>http://richeli.com/revistas/el-secreto-de-joe/</link>
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		<pubDate>Fri, 01 Apr 2011 18:47:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Abril 2011]]></category>

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		<description><![CDATA[Como siempre,  Joe se puso a trabajar en el set.
Llegó con el personal y ayudó en todas las formas que pudo:  transportando equipos, manteniendo las puertas abiertas, protegiendo los  codiciados espacios  del estacionamiento.
Cuando llegó el catering, se lanzó a organizar el desayuno buffet.
Ningún otro actor aparecía antes de que lo convocaran.
Solo Joe.
Los encargados [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como siempre,  Joe se puso a trabajar en el set.<br />
Llegó con el personal y ayudó en todas las formas que pudo:  transportando equipos, manteniendo las puertas abiertas, protegiendo los  codiciados espacios  del estacionamiento.<br />
Cuando llegó el catering, se lanzó a organizar el desayuno buffet.</p>
<p>Ningún otro actor aparecía antes de que lo convocaran.<br />
Solo Joe.<br />
Los encargados de grips, luces y sonidos, los asistentes del director y  los gaffers, todos conocían a Joe, el tipo que hacía de todo.<br />
A todo el mundo le gustaba Joe.</p>
<p>A lo largo del día, Joe hacía más que encargarse de su trabajo.<br />
A la hora del almuerzo, limpiaba las mesas.<br />
En los descansos, traía café.</p>
<p>De vez en cuando, sus compañeros actores hablaban a espaldas de Joe.<br />
“¡Qué adulón!”, afirmaban en tono acusatorio o decían cosas con ese sentido.<br />
“Se pasa todo el día lambisqueando hasta al director”.</p>
<p>La mayoría de los comentarios caían en oídos sordos.<br />
Después de todo, también se ocupaba de los actores, prestando su  neceser de maquillaje perfectamente organizado, ofreciéndose a dar  aventones o prestando su celular.<br />
Joe nunca hacía discriminaciones.</p>
<p>Inevitablemente, con poco que criticar, alguien terminaba hablando mal de la actuación de Joe.<br />
“Realmente no es tan bueno”, decían. “Me refiero a que se prepara bien, pero en realidad no es digno de un Oscar”.<br />
“Aún así, el hombre siempre tiene trabajo.  ¿Por qué?”<br />
Joe escuchaba los comentarios y los dejaba pasar, como el agua pasa a espaldas de un pato.</p>
<p>Joe no prestaba mucha atención a lo que pensaban los demás.<br />
Joe tenía un secreto.</p>
<p>Recordaba el día en que conversó con el productor de cine que asistió a  la escuela secundaria con su tío, apenas un mes después de aterrizar en  Los Angeles.<br />
Su especialización secundaria en arte dramático no tenía mucho valor.<br />
No tenía agente, conocidos, ni suficiente dinero para contratar a un publicista.<br />
Como la mayoría de los aspirantes a Hollywood, Joe afirmaba tener un corazón lleno de deseo y nada más.</p>
<p>“He estado aquí durante mucho tiempo”, dijo el hombre. “He hecho muchas  películas. A fin de cuentas, este negocio no es tan complicado.  Te  daré la fórmula garantizada del éxito”.<br />
Joe escuchó atentamente.<br />
“Son cuatro los elementos que te llevarán a la cima.  Te los voy a decir, en orden de importancia:</p>
<p>Primero, perseverancia.  Debes saber hacia dónde vas y no detenerte hasta que llegues.<br />
Segundo, tienes que establecer contactos.  Sal, conoce a todos los que puedas y lleva un Rolodex.<br />
Tercero, este es el paso más importante que los artistas ignoran, nunca  puedes formar parte de la lista “la vida es demasiado corta” de  alguien. Preséntate, haz tu trabajo, sé amable y haz más de lo que se  espera, siempre que sea posible.</p>
<p>Por último, y esto ocupa un distante cuarto lugar, está el talento.   Esta ciudad está llena de eso.  Entonces, ¿qué? La gente trabaja con  quienes conoce y nadie trabaja con idiotas.”</p>
<p>“Parece que esa fórmula se aplica a la mayoría de cosas de la vida”, respondió Joe.<br />
El viejo productor hizo una pausa.<br />
“Sabes, hijo”, sonrió. “Creo que tienes razón.”</p>
<p>Joe oyó por casualidad a la persona encargada del vestuario decir que se sentía cansada.<br />
Se puso de pie de un salto y se dirigió a la máquina de café.</p>
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