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	<title>A View from the Ridge</title>
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	<pubDate>Thu, 12 Apr 2012 17:14:12 +0000</pubDate>
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		<title>Millas de millones</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Apr 2012 17:14:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[Inspiración]]></category>

		<category><![CDATA[Mayo de 2012]]></category>

		<category><![CDATA[Revistas]]></category>

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		<description><![CDATA[El barco se deslizaba a solamente cinco millas por hora, el límite de
velocidad exigido dentro del puerto.
El canal descansaba plácidamente, solo 75 pies de ancho y una ligera
pero refrescante brisa le daba al aire una ligera frescura, un
recordatorio de que el invierno apenas se había despedido y que podría
reaparecer en escena para un bis.
Crucé los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El barco se deslizaba a solamente cinco millas por hora, el límite de<br />
velocidad exigido dentro del puerto.<br />
El canal descansaba plácidamente, solo 75 pies de ancho y una ligera<br />
pero refrescante brisa le daba al aire una ligera frescura, un<br />
recordatorio de que el invierno apenas se había despedido y que podría<br />
reaparecer en escena para un bis.<br />
Crucé los brazos y me resguardé bajo el parabrisas buscando refugio.</p>
<p>Hacia la izquierda y la derecha, canal tras canal se bifurcaban, cada<br />
uno lleno de embarcaciones de recreo, un esporádico velero y grandes<br />
buques de pesca.<br />
Yo me maravillaba del tamaño de algunos de ellos, verdaderos<br />
condominios flotantes con varios pisos, comedores cubiertos y al aire<br />
libre, extensas cubiertas y puentes elevados.<br />
“¿Quién vive aquí?” Me pregunté. “¿Por qué hicieron esta elección?</p>
<p>Sin juzgar, reflexione sobre la naturaleza de los humanos de<br />
congregarse con aquellos de su misma clase.<br />
Parece que gravitamos hacia aquellos que son más similares a nosotros,<br />
que nos sentimos cómodos con lo familiar y queremos perpetuarlo.<br />
Nos mudamos a los vecindarios apropiados y encontramos maneras de<br />
guardas las apariencias, rara vez enfrentándonos al status quo,<br />
satisfechos y establecidos en un orden creado totalmente por el hombre<br />
que se hace tan natural que olvidamos que fuimos nosotros quienes lo<br />
crearon.</p>
<p>Me pregunto con qué frecuencia intentamos dar un paso atrás y<br />
contemplar un escenario diferente. ¿Qué pasaría si…?<br />
Rellena los puntos suspensivos.  ¿Cómo me sentiría si mi mundo de<br />
repente se hiciera…?  Rellena los puntos suspensivos.</p>
<p>El aislamiento me preocupa, aunque comprendo el instinto de protegerse<br />
a sí mismo y rodearnos con elementos no amenazantes.  Aún así, algunas<br />
veces parece tan pequeño, tan limitado, tan “lo de siempre”.</p>
<p>¿Cómo podemos expandirnos si nos apresuramos en volver a nuestros<br />
capullos?<br />
¿Estamos satisfechos con una visión del universo de acuerdo a la CNN o<br />
las noticias del día?<br />
¿Cuándo saltamos del sofá y vamos a explorarlo con nuestros propios<br />
ojos?<br />
¿Qué piezas de nuestra vida interior podríamos exponer entrando en<br />
contacto (por lo menos visual) con aquellos que tienen perspectivas<br />
diferentes e incluso contrarias?</p>
<p>Si nuestros sistemas de creencias se construyen con pequeños<br />
cablecitos, colocados uno junto a otro, ¿no sería peligroso permitir<br />
que los cables de soporte se formaran sin haber examinado antes<br />
múltiples perspectivas?<br />
¿Qué pasa si esperamos demasiado tiempo, hasta que el cable aumenta su<br />
diámetro hasta un tamaño prácticamente imposible de romper, solo para<br />
descubrir que nuestro tan-fijo punto de vista puede que sea defendible,<br />
pero también nos causa mucho sufrimiento?<br />
¿Entonces qué?</p>
<p>La mayoría de nosotros se mostraría reacio ante cualquier cambio,<br />
rechazaría el concepto en favor de los patrones establecidos (elegiría<br />
una infelicidad conocida por encima de adentrarse en la oscuridad con<br />
todos sus riesgos percibidos). Comprensible pero aun así, no es una<br />
solución a la difícil situación.</p>
<p>Observé a mi amigo pilotando la embarcación.<br />
Él estaba sentado tranquilamente, señalando de vez en cuando lugares<br />
conocidos.<br />
El vivía aquí y verdaderamente lo disfrutaba.</p>
<p>Quizá sólo soy yo el que sufro de esta enfermedad de hacerse preguntas.<br />
Quizá necesito reexaminar mi propia perspectiva.<br />
¿Y si…?<br />
Rellena los puntos suspensivos.</p>
<p>Richeli</p>
<p>¡Ve tan lejos como te alcance la vista!<br />
T. S. Elliott</p>
<p>Cuando llegues allí, serás capaz de ver aun más lejos.<br />
J. P. Morgan<br />
__________________________________________________________________</p>
<p>Puntos Claves<br />
Solo aquellos que se arriesgan a ir demasiado lejos pueden posiblemente<br />
descubrir cómo de lejos uno puede llegar a ir.</p>
<p>No hay tráfico en la milla extra. La única diferencia entre ordinario y<br />
extraordinario es el extra. El extra, lo que sea que eso es para ti,<br />
está casi siempre fuera de tu zona de comfort.<br />
Lo siento. Eso es como es, y explica muy bien el por qué tan pocos<br />
logran tanto y tantos logran tan poco. Ese paso adelante en cualquier<br />
zona percibida como peligrosa es sencillamente demasiado oscuro y<br />
horripilante. Eso explica por qué solamente la juventud tiene la llave<br />
para un cambio masivo en el futuro: ellos son los únicos con la<br />
fortaleza interna para dar el salto.</p>
<p>¿Y si tú te quitarás mentalmente 20 o 30 años de tu edad cronológica y<br />
te decidieras a actuar como si fueras joven en tus decisiones, al menos<br />
por una temporada, incluso por un período pre-determinado de tiempo? ¿Y<br />
si lo llevarás un paso más allá e hicierás un hábito de ir más allá?<br />
¿Dónde podrías encontrar tu mentalidad si conscientemente te abrieras a<br />
nuevas posibilidades? ¿Donde podría esto llevarte?</p>
<p>La próxima vez que te vayas a una estación de esquí, deslízate por la<br />
nieve en un neumático de goma.  Cálzate unos patines de hielo. Monta a<br />
caballo. Come alguna comida extraña. Habla con alguien que parezca<br />
diferente o que hable con un acento peculiar. Haz algo inusual o que<br />
resulte extraño para ti.<br />
No tienes que caminar sobre cristales rotos o carbones encendidos&#8230;</p>
<p>Por otra parte, ¿quién sabe lo que podría suceder si lo hicieras?!?</p>
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		<title>Correr.</title>
		<link>http://richeli.com/blog/inspiracion/correr/</link>
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		<pubDate>Sun, 11 Mar 2012 20:24:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Blog]]></category>

		<category><![CDATA[Inspiración]]></category>

		<category><![CDATA[Marzo 2012]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;También soy corredor”, espetó con una sonrisa maliciosa.  “Tal vez
deberíamos correr al máximo unas cuantas millas en algún momento”,
añadió.
“Claro”, respondió ella. “Me gustaría hacerlo”.
Durante las semanas siguientes la burla creció, pasando de un amistoso
intercambio hasta provocaciones juguetonas, comentarios graciosos
acerca de los senderos de tierra y del cabello que desaparecía en la
parte posterior de su cabeza.
Si [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;También soy corredor”, espetó con una sonrisa maliciosa.  “Tal vez<br />
deberíamos correr al máximo unas cuantas millas en algún momento”,<br />
añadió.<br />
“Claro”, respondió ella. “Me gustaría hacerlo”.<br />
Durante las semanas siguientes la burla creció, pasando de un amistoso<br />
intercambio hasta provocaciones juguetonas, comentarios graciosos<br />
acerca de los senderos de tierra y del cabello que desaparecía en la<br />
parte posterior de su cabeza.<br />
Si él solo supiera.<br />
Cuando le propuso la carrera, ella aceptó sin vacilar.</p>
<p>“No hay ganancia sin dolor”, clamó a nadie en particular mientras hacía<br />
papilla el asfalto a un ritmo vertiginoso.<br />
Ella sonrió y lo siguió unas cuantas yardas detrás, quieta, constante.<br />
“Estoy sintiendo el dolor, así que debo estar obteniendo la ganancia.”<br />
La miró.<br />
Ella siguió deslizándose por el camino, complacida de permitirle que<br />
lleve la delantera.</p>
<p>La lucha verbal alcanzó dimensiones insospechadas la noche anterior<br />
durante la cena y aunque ella reconoció que todo era broma, sintió la<br />
familiar bilis introducirse sigilosamente en su estómago; la agitación<br />
de ese oscuro lugar que, al mismo tiempo que recibía y aceptaba, le<br />
daba vergüenza.<br />
Era lo que era.<br />
Era quien era.<br />
No iba a perder.</p>
<p>En la cama, casi de forma inconsciente, pasó unos cuantos minutos<br />
visualizando la competencia.<br />
Nunca había estado en ese camino, pero conocía la línea de llegada.<br />
Eso era lo único que necesitaba ella.</p>
<p>“Parece que va a llover”, pronunció ella sus primeras palabras.<br />
“¿Quieres que nos detengamos?”, preguntó él con una media sonrisa.<br />
“No”, respondió ella suavemente.<br />
“Sin lluvia, no hay ganancia”. Rió él con su propia broma. “Tal vez me<br />
ayude a crecer.”<br />
En el minuto quince, ella comenzó a acelerar, alargó medio paso su<br />
tranco.<br />
El único temor que tenía era que en el último tramo él diera fuertes<br />
zancadas y que sus largas piernas lo llevaran más rápido al final.<br />
Mucho antes de que eso ocurriera, lo cansaría.<br />
No iba a haber ninguna fuerte zancada, ella se aseguraría de eso.</p>
<p>“¿Quieres que demos 3 vueltas y media o 4 cuatro vueltas y media?”,<br />
preguntó él.<br />
“Lo que quieras”, respondió ella.<br />
“Para las cuatro vueltas y media toma la derecha, sino ve de frente”,<br />
añadió.<br />
Ella giró a la derecha.</p>
<p>A medida que el ácido láctico apretaba las fibras de sus muslos y<br />
pantorrillas, se esforzó más, superando el dolor, yendo más allá de la<br />
quemazón.<br />
Duele.<br />
¿Y?<br />
Muchas cosas duelen.<br />
La furia indomable que impulsó el movimiento se cocía a fuego lento<br />
bajo la superficie.<br />
Sabía que eso no tenía nada que ver con él.<br />
No importaba.<br />
No contaba con un interruptor de encendido/apagado ni tampoco otra<br />
medida de control, aunque el trabajo personal que había realizado a lo<br />
largo de los años lo había mantenido bajo control, oculto debajo de una<br />
capa mayormente agradable.<br />
La batalla le pertenecía a ella, era consigo misma, y en su mayor<br />
parte, se las había arreglado para mantenerla en privado.<br />
Mientras él quedaba atrás, bajó la velocidad el tiempo suficiente para<br />
que la alcanzara, luego aceleró nuevamente, sin tomar consciencia de su<br />
método de aniquilación o falto de misericordia.<br />
Una curva más, una calle más y listo.</p>
<p>En el último tercio de milla, por un breve momento atisbó el terror al<br />
tener la idea pasajera de que él tenía suficiente energía para un<br />
impulso.<br />
Succionando para obtener aire, aplicó una velocidad desenfrenada, cada<br />
pie se apresuraba por pasar el otro que estaba debajo — eso no podía<br />
suceder.</p>
<p>No, no podía.<br />
Ella se alejó cada vez más de él dejando una estela, aunque era poca la<br />
satisfacción que sentía.<br />
Simplemente tenía que ser así, eso es todo.<br />
A unos cincuenta metros de la línea de llegada, se detuvo y comenzó a<br />
caminar.<br />
La alcanzó y se detuvo a su lado.<br />
Caminaron las últimas diez yardas juntos, sin intercambiar palabra<br />
alguna.</p>
<p>No era necesario.</p>
<p>Richeli<br />
_______________________________<br />
Sé una persona que dice “voy a hacerlo” y no “tuve que hacerlo”. Cada<br />
día puede ser una oportunidad, si la ves (y la aprovechas) de esa<br />
manera.<br />
Josh Cox</p>
<p>No creí que fuera posible amar correr más de lo que ya hago. Entonces<br />
descubrí el correr contigo. Dicho esto, en una carrera te dejaré atrás<br />
como un mal hábito.<br />
www.rwdaily.runnersworld.com (encontrado por Kathy G.)<br />
__________________________________________________________________</p>
<p>Puntos Claves<br />
Escribí esta columna en particular cuando fui a correr con mi mujer<br />
Kathy por primera vez, mucho antes de que formalizáramos nuestra unión.<br />
Tendría que haberla llamado “El Sr. Gallito frente a la Gacela” (un<br />
apodo de ella que desconocía en aquel momento). Ella seleccionó la<br />
frase de arriba del Runner’s World -El Mundo del Corredor- (su revista<br />
favorita, otro hecho desconocido para mí) y de hecho realmente me dejó<br />
atrás como un mal hábito<br />
en aquella quizá profética carrera, no sólo una sino varias veces.</p>
<p>Cuando corremos juntos (que aún lo hacemos), ella frecuentemente se<br />
desliza por delante de mí, solo para volver luego hacia mí con su<br />
“¿estás bien?” de costumbre, para luego darse la vuelta y tomar la<br />
delantera otra vez.  Después de las primeras cien veces de un enfado de<br />
leve a severo por la pregunta, he aprendido a simplemente asentir con<br />
la cabeza y a seguir adelante lenta y pesadamente. En mi primer y único<br />
maratón hasta la fecha, me sacó una hora y quince minutos de<br />
diferencia, y luego me acompaño a la tienda médica mientras yo me ponía<br />
hielo en mis rodillas que daban alaridos de dolor.</p>
<p>En pocas palabras, la conclusión es que ella es una corredora muy<br />
superior y siempre lo será. Y a ella le encanta. Ella obtiene enormes<br />
beneficios de sus carreras y se pone de mal humor si pasa enjaulada<br />
demasiado tiempo. Yo,<br />
por lo menos, tengo la decencia de no disfrutar del proceso y lo veo de<br />
manera más apropiada como un método de control del exceso de peso. Yo<br />
me arrastro detrás de ella como un perro moviendo la cola, aspirando<br />
con dificultad y deseando que esas píldoras bloqueadoras de la grasa<br />
realmente funcionaran.</p>
<p>Dicho esto, otra lección me viene a la mente por esta historia del<br />
camino.  Si te encanta hacer algo y además te beneficia, entonces sal y<br />
hazlo.  Cuántos de nosotros recuerdan con nostalgia “los buenos viejos<br />
tiempos” cuando pasábamos más tiempo fuera que con nuestros iPhones,<br />
montábamos en nuestras bicis y respirábamos el aire puro, dábamos<br />
largos paseos, íbamos al parque a jugar a la pelota o nos sumergíamos<br />
en una piscinas para disfrutar de unos largos.</p>
<p>Dejando a un lado los beneficios físicos, qué me dices de la claridad<br />
mental, de la tranquilidad de desconectar por un momento, el<br />
sentimiento de satisfacción interior que nace en nosotros cuando<br />
salimos de nuestra casa u oficina y hacemos algo… cualquier cosa..</p>
<p>¿Cuándo fue la última vez que elegiste las zapatillas de deporte frente<br />
a enviar un mensaje de texto, que elegiste tu bici frente a un correo<br />
electrónico o tu traje de baño frente a Facebook?</p>
<p>Oh, ¿y sabías que el ejercicio lleva a unas mejores y más frecuentes<br />
relaciones íntimas?</p>
<p>Quizá deberías encontrar un par nuevo de zapatillas de deporte&#8230;</p>
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		<title>La nieve que se derrit</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jan 2012 16:04:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[Enero 2012]]></category>

		<category><![CDATA[Manifestar]]></category>

		<category><![CDATA[Revistas]]></category>

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		<description><![CDATA[Me encanta el sonido de la nieve que se derrite: plin, plin, tin, tin, tin;
un goteo staccato sobre los techos de metal inclinados; la ocasional ruidosa
rotura de un témpano gigante; la burbuja y el borbotón del arroyo de la
montaña  a medida que se hincha y cae valle abajo sobre las rocas pulidas.
Me encanta contemplar con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me encanta el sonido de la nieve que se derrite: plin, plin, tin, tin, tin;<br />
un goteo staccato sobre los techos de metal inclinados; la ocasional ruidosa<br />
rotura de un témpano gigante; la burbuja y el borbotón del arroyo de la<br />
montaña  a medida que se hincha y cae valle abajo sobre las rocas pulidas.<br />
Me encanta contemplar con consciente admiración los blancos y majestuosos picos que pronto se transformarán en verdes, naranjas, morados, rojos y en una gran variedad de matices en constante cambio; una danza entre el sol, las nubes y la niebla; un vals de color y belleza que si bien nunca cambia de pareja, nunca se replica y cada día es un original magistral.<br />
Me encanta la consistencia del cambio; el recordatorio de que, en todos los<br />
aspectos, el invierno nunca dejará de convertirse en primavera: la primavera de la salud, la primavera del crecimiento, la primavera de una relación que  por momentos parece tan fría y desesperanzadora como la helada tundra.</p>
<p>Luego, nos adentramos en el verano: el calor, el fuego, la pasión y la<br />
quemazón; una llamarada cada vez mayor de sudorosas emociones que se elevan, se intensifican in crescendo y nos llevan al otoño: la caída de todo lo que creció, hojas que se deslizan y nos cobijan, y nos preparan para esa época anual de reflexión, cuando el frío hace que nos escabullamos dentro.</p>
<p>El invierno descubre la primavera.<br />
La primavera da paso al verano.<br />
El invierno se desvanece en el otoño.<br />
El otoño se aferra desesperadamente a sus líneas de vida, como un borracho<br />
que chupa su último sorbo o como el niño que al llegar al último bocado de<br />
helado le agrega agua al recipiente para llenarlo nuevamente, ajeno a la<br />
pérdida de sabor, con ganas de más cuando ya no puede tener ni una pizca,<br />
salvo en el mundo de la ficción.<br />
A pesar de ello, el invierno comienza, a veces suave, a menudo con una furia<br />
desatada que nos bloquea sin piedad, paralizándonos.<br />
Nos ponemos a buen recaudo de sus elementos.</p>
<p>Quietas, las semillas permanecen dormidas, enterradas en la espera,<br />
pacientes y sin dejarse intimidar.<br />
En la victoria, encontramos la causa de la derrota, la inmensa celebración<br />
del verano que nos hace perezosos y letárgicos, soñolientos al volante.<br />
En la derrota, saboreamos el trago amargo que nos sacude despertándonos,<br />
luchamos por levantarnos, encontramos la fuerza para recordar que la única  diferencia entre un surco y una tumba es su profundidad.<br />
En la derrota, definimos el carácter, un constante caminar sobre la cuerda<br />
floja hacia el temperamento y endurecimiento para lograr fuerza, mientras de alguna manera, de alguna forma, nos aferramos a los fugaces vestigios de la suavidad, la bondad y la compasión, compañeros esquivos que con mucha  frecuencia resultan anulados en la lucha.<br />
En la derrota, descubrimos nuestro verdadero yo.</p>
<p>Los sabios se lamen las heridas, dejan los cortes expuestos, observan,<br />
recobran fuerza, aprenden, sanan y vuelven a empezar.<br />
Los tontos, en cambio, andan a tientas y ciegas en busca de la curita más<br />
cercana.<br />
El invierno no importa.</p>
<p>Espera.<br />
¿Es ése un solitario copo de nieve que flota en el aire?<br />
¿Podría el invierno concedernos la gracia de unos cuantos momentos más de  introspección y preparación, un último suspiro de tranquilidad antes de<br />
cosechar todo lo que se sembró, antes de que los brotes se revelen a sí<br />
mismos y a nosotros en el recuento que no perdona de este año?<br />
Eso creo.<br />
Aún tenemos tiempo.<br />
Dejemos que caiga la nieve.</p>
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		<title>Sigue Manifestando</title>
		<link>http://richeli.com/revistas/sigue-manifestando/</link>
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		<pubDate>Sun, 11 Dec 2011 02:57:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Blog]]></category>

		<category><![CDATA[Diciember de 2011]]></category>

		<category><![CDATA[Manifestar]]></category>

		<category><![CDATA[Revistas]]></category>

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		<description><![CDATA[El sol se deslizó sobre el horizonte y se alojó por encima del litoral, bañando la playa en un cómodo resplandor matutino.
Nubes solitarias salpicaban el telón de fondo; perezosos holgazanes andaban sin prisa por el cielo, calmados; filósofos de cabello blanco contemplaban el ajetreo de abajo.
Corrí con un par de libélulas por el camino, eché [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El sol se deslizó sobre el horizonte y se alojó por encima del litoral, bañando la playa en un cómodo resplandor matutino.<br />
Nubes solitarias salpicaban el telón de fondo; perezosos holgazanes andaban sin prisa por el cielo, calmados; filósofos de cabello blanco contemplaban el ajetreo de abajo.<br />
Corrí con un par de libélulas por el camino, eché una mirada a los trabajadores que terminaban el techo de otra casa de un millón de dólares, observé el nuevo barco de pesca estacionado en la entrada de una de las propiedades alquiladas frente al mar.</p>
<p>Abundancia por doquier, abundancia de belleza, abundancia de fortuna.<br />
Otro día en el paraíso.</p>
<p>Esto me plantea una pregunta inquietantemente fascinante.<br />
¿Por qué algunos sí y otros no?<br />
¿Por qué los constructores de lujosos condominios de varios pisos viven en casas rodantes en ruinas?<br />
Por otro lado, ¿por qué la riqueza material provoca tanta carencia de relaciones?</p>
<p>Nadie puede negar la elasticidad de nuestro universo, su increíble poder de regeneración y su permanente capacidad para proveer. Las flores crecen, vibrantes, coloridas, gloriosas, pocos minutos después del paso de un tornado o del retroceso de una inundación.<br />
Vivimos rodeados de una fuente inagotable de abundancia.<br />
¿Cómo fluye todo?</p>
<p>¿Puede la persona que gana $25,000 al mes ser diez veces más inteligente que alguien que gana $2,500, y el financista que gana $250,000 en el mismo período incluso diez veces más sabio?</p>
<p>Eso no tiene sentido.<br />
¿Cómo es que un hogar repleto de muebles usados y de niños amontonados comparte alegres comidas de macarrones con queso sazonados con risa, a pesar de que el plazo para pagar el alquiler ya ha vencido hace tiempo?<br />
La mente se aturde y se confunde.</p>
<p>Echemos un vistazo al medio ambiente.<br />
La marea sube y baja.<br />
El invierno abre paso a la primavera.<br />
Los cultivos de verano se convierten en plantaciones de otoño.<br />
La luna sale de noche y ha sido así desde tiempos inmemoriales.</p>
<p>Echemos un vistazo a la cuestión del dinero.<br />
Algunos de nosotros tenemos muchísimo, mientras que otros no.<br />
Algunos de nosotros ganamos mucho, mientras que otros apenas sobrevivimos.</p>
<p>A menos que vivas en la cima de una montaña, un rápido paseo por el vecindario revelará los diferentes tamaños de cuentas bancarias sin que esto tenga un gran impacto en el cociente de felicidad.<br />
Aquellos que se sientan en primera clase a menudo parecen más gruñones que el resto de nosotros en la clase económica.<br />
Vaya uno a saber.</p>
<p>Sino vamos a plantear una solución, por lo menos digamos lo obvio:<br />
La prosperidad, en todas sus encarnaciones, proviene del interior.</p>
<p>La manera en que se presenta y decora nuestro mundo —bueno— depende de nosotros.<br />
Estoy convencido de que podemos aprender las habilidades para generar riqueza, pero la disciplina debe venir desde el interior.<br />
La mayoría de nosotros tiene los músculos necesarios para sonreír, pero el impulso emana del interior.<br />
Las trampas sólo traen alegrías fugaces, mientras que la alegría duradera nace del corazón, un organismo activo que vive y respira y que sólo puede sobrevivir en un lugar: el interior.</p>
<p>¿Cuánto esfuerzo pones en tu vida interior, sembrando, nutriendo, cultivando, cosechando y celebrando tu propia generosidad?<br />
Si juzgamos a nuestro árbol por el fruto que da, entonces eres tú la única persona que puede decidir si tu cosecha actual coincide con tus expectativas.</p>
<p>Si no lo hace, ya sabes a quién recurrir.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Gana respeto con la verdad</title>
		<link>http://richeli.com/uncategorized/gana-respeto-con-la-verdad/</link>
		<comments>http://richeli.com/uncategorized/gana-respeto-con-la-verdad/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 15 Nov 2011 20:41:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Blog]]></category>

		<category><![CDATA[Noviembre 2011]]></category>

		<category><![CDATA[Prosperidad]]></category>

		<category><![CDATA[Revistas]]></category>

		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[La multitud vitoreaba mientras el joven cruzaba el escenario para recoger su premio como mejor productor de la compañía. Aceptó el micrófono, miró detenidamente a la audiencia, titubeó e hizo una pausa obvia y elocuente que esparció el silencio en la sala.
Lo vi enfrentarse a su miedo, luchar con la duda que siempre se cuela [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La multitud vitoreaba mientras el joven cruzaba el escenario para recoger su premio como mejor productor de la compañía. Aceptó el micrófono, miró detenidamente a la audiencia, titubeó e hizo una pausa obvia y elocuente que esparció el silencio en la sala.<br />
Lo vi enfrentarse a su miedo, luchar con la duda que siempre se cuela en nosotros. Pero, sólo le tomó un momento volver a intentarlo.</p>
<p>&#8220;Durante los últimos tres meses he sufrido varios golpes&#8221;, comenzó. &#8220;Y siento la necesidad de compartir parte de mi historia con ustedes, aunque en realidad no sé por qué&#8221;.<br />
Su actitud, generalmente confiada, incluso arrogante, se había despojado de bravuconería.</p>
<p>&#8220;Hace unos cuatro meses, uno de mis colegas me llamó para hablarme sobre este nuevo sistema de marketing, se trataba de una herramienta para enviar faxes en masa que podía llegar a miles de clientes potenciales a un costo muy bajo.&#8221; Hizo una pausa. &#8220;La revisé, me emocioné y me inscribí.<br />
Para abreviar la historia les diré que después de haber enviado miles de faxes, un agente judicial se presentó para entregarme unos documentos.<br />
Parece que lo que estaba haciendo era ilegal.<br />
Una de las empresas que recibió uno de estos envíos se quejó ante el fiscal general quien presentó una demanda en contra de mí, pero no sólo fue por ese fax, sino que debía pagar una multa por cada uno de los faxes que envié.&#8221;</p>
<p>La multitud dio un grito ahogado.<br />
&#8220;No hice una investigación adecuada, no presté atención a los detalles y ahora me enfrento a un proceso judicial con una potencial responsabilidad legal enorme.&#8221;</p>
<p>Doscientas personas se clavaron en sus sillas.<br />
&#8220;Como algunos de ustedes saben, hace poco me mudé aquí desde la parte sur.&#8221;  Pasó los dedos por su cabello.<br />
&#8220;Guardé mis cosas en mi antigua oficina que cerramos.<br />
Cuando regresé en el auto para recoger mis cosas, me di cuenta de que todo, excepto mi computadora y la ropa que llevaba conmigo, había desaparecido.<br />
Cada recuerdo, cada memoria y cada posesión habían sido robados.&#8221;</p>
<p>Nadie se movió.<br />
&#8220;Pero las cosas no quedaron allí, se pusieron peores. Como algunos de ustedes saben, conduzco un auto deportivo, un convertible completamente negro con las palabras, mi orgullo y alegría. Me encanta ese auto.&#8221;<br />
Su voz se quebró un poco.<br />
&#8220;Pero, ya es historia&#8221;,  añadió.</p>
<p>Un recuerdo inundó su mente.<br />
&#8220;Como a veces sucede, un tipo me cerró el paso.<br />
En lugar de dejarlo así, mi ego entró en acción.<br />
Al subir por la rampa pisé el acelerador, me pasé la última curva, perdí el control a 85 kilómetros por hora, di un giro por tres carriles, golpeé una barandilla y reboté en dos.</p>
<p>Destrocé el auto y por caprichos del destino, salí caminando sin un solo rasguño.&#8221;</p>
<p>La sala suspiró aliviada.<br />
&#8220;Como estaba conduciendo, no revisé mi correo y me olvidé de pagar una cuota del seguro.  No sé qué va a pasar.&#8221;<br />
El auditorio sacudió la cabeza con consternación.</p>
<p>&#8220;En tres meses, fui demandado, perdí todo lo que tenía e hice polvo mi auto.&#8221;<br />
Se recompuso.<br />
&#8220;Todos nos enfrentamos a desafíos&#8221;, sonrió, &#8220;y algunos son más difíciles que otros.<br />
Supongo que quería compartir el mío con ustedes.<br />
Gracias por su atención.&#8221;<br />
Abandonó el estrado en medio de una prolongada ovación.</p>
<p>De pie en el fondo de la sala, me di cuenta de la cantidad de respeto que ese joven había ganado.<br />
Se enfrentó a su miedo, admitió públicamente sus errores y nunca dejó de pelear, a pesar de los obstáculos.<br />
Ese día, ganó mucho más que un trofeo.</p>
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		<title>Haz que los errores cuenten</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Oct 2011 18:35:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[Octubre 2011]]></category>

		<category><![CDATA[Prosperidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace un tiempo, uno de mis hermanos cometió un error en el trabajo, que le costó un montón de dinero a un cliente.
Hicieron acusaciones, señalaron con los dedos, gritaron como desaforados, entablaron una demanda y después de un fallido intento por resolver la disputa, terminaron en los tribunales —la típica batalla de una compañía de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace un tiempo, uno de mis hermanos cometió un error en el trabajo, que le costó un montón de dinero a un cliente.<br />
Hicieron acusaciones, señalaron con los dedos, gritaron como desaforados, entablaron una demanda y después de un fallido intento por resolver la disputa, terminaron en los tribunales —la típica batalla de una compañía de seguros.<br />
Qué se va a hacer, hay cosas que pasan.</p>
<p>Por un lado, no me opongo al proceso.<br />
Las compañías de seguros cobran primas periódicas a un gran número de asegurados y acumulan cantidades significativas de capital.<br />
Cuando un asegurado tiene un problema, la compañía de seguros asigna una parte de esos fondos para resolver el asunto: el clásico manejo de riesgos.<br />
Desde un punto de vista económico, si no se produce una gran catástrofe debido a la cual muchos asegurados reclaman pérdidas simultáneas, el modelo funciona.</p>
<p>Mi reto radica en el lado humano.<br />
¿Por qué seguimos aferrándonos a esa necesidad bárbara de vilipendiar, castigar y humillar a aquellos que cometen errores, haciéndoles (y haciéndonos) sentir indignos, sucios o mal?<br />
“¿Escuchaste que fulano de tal hizo esto y aquello?  Uuuuy, en esa casa hay un gran problema.”</p>
<p>Aquellos que llevan una vida plena pagarán el precio de un mayor número de errores y desatinos.<br />
Incluso la más protegida de las existencias incluirá una buena cantidad de fallos y metidas de pata.<br />
Ya que es inevitable cometer errores, debemos cambiar nuestra perspectiva.</p>
<p>¿Qué te parece si…?<br />
Paso 1: Admitimos el error.<br />
Paso 2: Asumimos la responsabilidad por él.<br />
Paso 3: Meditamos y reflexionamos sobre la situación. ¿Qué podríamos haber cambiado? ¿Qué podríamos haber hecho diferente?<br />
Paso 4: Decidámonos a no tener el mismo descuido la próxima vez.<br />
Paso 5: Sigamos adelante.  Salgamos y dejemos nuestra huella en el mundo, armados de más madurez, más experiencia y una mayor capacidad para contribuir.</p>
<p>Si luego de cometer un error,  mostramos responsabilidad personal y una renovada determinación para cambiar de comportamiento cuando nos enfrentamos a situaciones similares, lo convertimos en una lección.<br />
En cambio, si preferimos regodearnos en el error o auto-incriminarnos, permaneceremos enganchados en el problema, en lugar de concentrarnos en las soluciones: un pasaje garantizado a la amargura, el arrepentimiento y la rigidez.</p>
<p>Es interesante cómo un estudio tras otro ha demostrado que aprendemos más entre los 3 y los 7 años, y que nuestros cerebros se expanden y crecen de forma exponencial durante este período.<br />
¿Acaso es coincidencia que justamente durante esos años cometemos la mayoría de errores?</p>
<p>Quizás debamos cambiar un poco nuestro punto de vista, celebrar que somos humanos, aceptar nuestras imperfecciones, dar la bienvenida a la enseñanza que obtenemos al retar defectos o deficiencias y reconocer el valor de una buena caída.<br />
No sé tú, pero parece que meto la pata de forma bastante regular, a menudo en grandes proporciones y no veo  que eso vaya a cambiar mucho en el corto plazo.<br />
Supongo que eso significa que me encuentro en una elevada pendiente de aprendizaje.<br />
¡Qué divertido!</p>
<p>Además, la mayoría de nosotros considera que la perfección es muy aburrida.</p>
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		<title>Da la Mano</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Sep 2011 18:32:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[Inspiración]]></category>

		<category><![CDATA[Manifestar]]></category>

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		<category><![CDATA[Septembre 2011]]></category>

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		<description><![CDATA[El capitán Linus surcó la primera y única ola con calma. Ésta se estrelló en la proa y lo empapó hasta los huesos a medida que penetrábamos por el claro.
Se aferró rápido al mango negro que utilizamos para llevar el kayak y no dijo nada.
Aparte del oleaje, el mar ocupaba la arena que estaba debajo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El capitán Linus surcó la primera y única ola con calma. Ésta se estrelló en la proa y lo empapó hasta los huesos a medida que penetrábamos por el claro.<br />
Se aferró rápido al mango negro que utilizamos para llevar el kayak y no dijo nada.</p>
<p>Aparte del oleaje, el mar ocupaba la arena que estaba debajo, meciéndose rítmicamente hacia adelante y hacia atrás, aún oscuro por las partículas en suspensión agitadas por la tormenta de ayer.<br />
Nos alejamos de la orilla remando, giramos y pusimos a descansar los remos, dejándonos llevar a la deriva para el suave viaje de regreso, impulsado por un océano perezoso.</p>
<p>&#8220;Quiero nadar&#8221;, exclamó Linus.<br />
&#8220;Anda&#8221;, le contesté.<br />
Me di cuenta de que mitigó su deseo juguetón con un matiz de incertidumbre.</p>
<p>&#8220;¿Allá abajo hay tiburones?&#8221;, preguntó.<br />
&#8220;Sí, hijo&#8221;. Posé mi mirada en sus exigentes ojos.<br />
&#8220;A los tiburones no les gusta comer gente. No te preocupes. Puedes ir.&#8221;</p>
<p>Su mirada pasaba del agua a mí y viceversa, una y otra vez.  Me topé con su mirada serenamente.<br />
&#8220;Los tiburones sí pueden comer gente&#8221;, afirmó.<br />
&#8220;Sí, sí pueden&#8221;, le respondí.&#8221;Pero no les gusta, les gusta los peces&#8221;.</p>
<p>Fascinado, observé cómo zumbaba su floreciente mente de 4 años.<br />
&#8220;¿Pececitos?&#8221;, cuestionó.<br />
&#8220;Y a veces, también peces grandes&#8221;, reafirmé.<br />
&#8220;Les gusta comer peces&#8221;.</p>
<p>No sabría decir si mis palabras tuvieron algún impacto.<br />
&#8220;Las rayas se comen a las personas&#8221;, afirmó.<br />
&#8220;No, no es así. Las rayas nunca han comido a nadie.  Las rayas comen algas marinas.&#8221;<br />
Linus luchaba consigo mismo: espíritu aventurero vs. alma prudente, un tira y afloja entre asombro<br />
y miedo.</p>
<p>&#8220;Quiero entrar, papi&#8221;, repitió.<br />
&#8220;Salta&#8221;, sugerí en voz baja.<br />
&#8220;No hay tiburones allá abajo, ¿no?&#8221;, suplicó.<br />
&#8220;Sí, hijo.  Allá abajo hay tiburones.  Pero no te molestarán porque no eres un pez.&#8221;</p>
<p>Durante bastante tiempo, flotamos.  El sol de la tarde se tornó carmesí y envió un extenso rayo<br />
con rastros dorados directamente hacia nosotros<br />
a lo largo del golfo.</p>
<p>&#8220;Quiero nadar bajo la sombra del sol&#8221;, decidió Linus.<br />
&#8220;Déjame girar el bote&#8221;, le contesté y le di vueltas al kayak hasta que los rayos besaron la superficie.</p>
<p>&#8220;¿Así está bien?&#8221;, dije al frotar los dedos por<br />
su cabello.<br />
&#8220;Mantenlo aquí, papá&#8221;, decretó Linus, con firmeza.<br />
Le sonreí y moví la cabeza hacia arriba y hacia abajo.</p>
<p>Comenzó a bajarse y luego se detuvo, indeciso.<br />
&#8220;Puedes hacerlo&#8221;, le aseguré. &#8220;Está bien&#8221;, dije una vez más.<br />
&#8220;Quiero que me tomes de la mano, papá&#8221;, me pidió.<br />
&#8220;Claro&#8221;, tomé su pequeña mano dentro de la mía. &#8220;Te tengo&#8221;.</p>
<p>Arrugó los labios en demostración de tímida valentía, se agarró con fuerza y bajó a la oscuridad.<br />
Inmediatamente, sonrió. Pude verlo pateando como un cisne debajo de la superficie.<br />
Lo logró.</p>
<p>Mi hijo, como a menudo lo hace, me recordó una lección valiosa. A veces, podemos necesitar un<br />
poco de aliento y una mano amiga para enfrentar nuestros miedos.</p>
<p>¿Y tú?<br />
¿A quién te acercarás hoy?<br />
¿La mano de quién aceptarás?</p>
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		<title>El ratoncita</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Aug 2011 20:00:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Augusto 2011]]></category>

		<category><![CDATA[Blog]]></category>

		<category><![CDATA[Inspiración]]></category>

		<category><![CDATA[Revistas]]></category>

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		<description><![CDATA[¿A dónde vas ratoncito?
Al entrar al baño, descubro a un amiguito.
Sus ojos, apostados a un lado de la cabeza me decían que tenía miedo pues quedó atrapado en un ambiente desconocido.
Brevemente sobresaltado, percibo que una sonrisa se comienza a dibujar - un espíritu afín a la energía detrás de los ojos asustados.
Me quedo paralizado, no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿A dónde vas ratoncito?</p>
<p>Al entrar al baño, descubro a un amiguito.<br />
Sus ojos, apostados a un lado de la cabeza me decían que tenía miedo pues quedó atrapado en un ambiente desconocido.<br />
Brevemente sobresaltado, percibo que una sonrisa se comienza a dibujar - un espíritu afín a la energía detrás de los ojos asustados.</p>
<p>Me quedo paralizado, no dispuesto a dejar que el momento pase.<br />
Veo a mi amigo el ratón escabullirse entre mis pies y dirigirse a la otra habitación donde iba a descansar.<br />
Espero, sin intención de causar algún temor, sonriendo y preguntándome, ¿adónde irá?</p>
<p>Cautelosamente, salgo.<br />
Y ahora, ¿qué?<br />
Me asomo debajo de la cama.</p>
<p>Nada.<br />
Echo un vistazo debajo de la mesita de noche.<br />
Veo una cabecita detrás de la pata.<br />
Los mismos ojos saltones y amistosos.<br />
Me inclino hacia atrás.<br />
La cola se extiende una pulgada o menos.<br />
Mi amigo.</p>
<p>¿Qué daño podría causar, me pregunto?<br />
¿Cómo podría meterse en la cama?<br />
Manipulo mi computadora.<br />
Prende, por favor.  Te necesito.</p>
<p>Mientras presiono las teclas, mi amigo regresa&#8230; sobre la cama.<br />
Por un breve momento, siento temor: hay un ratón en mi cama, ¿qué pasa si lo pierdo? ¿Y si se me sube encima en la noche?<br />
Rápidamente, regresa el sentido de maravillarse.<br />
¿Y si me pierdo este momento?</p>
<p>Me siento.  De forma muy quieta, escribo.<br />
En este mismo instante, el ratón se arrastra por la chaqueta de lana que coloqué en el extremo de la cama.<br />
Tres o cuatro veces cruza la colcha, como un jugador que corre por el campo para anotar un touchdown.<br />
En este instante, lo pierdo de vista.<br />
¿Dónde está mi amigo?<br />
¿Qué debo hacer para liberarlo?<br />
¿Qué debo hacer para liberarme del temor de quedarme dormido?</p>
<p>Una y otra vez, mi amigo cruza la colcha.<br />
Parece que trepar a la cama podría ser mucho más fácil que bajar.<br />
¿Quizás no sabe cómo hacerlo?, me pregunto.</p>
<p>En este espacio único, me encanta el viaje de ser un artista -el viaje de la fascinación- el viaje del momento.</p>
<p>Aaahhh, mi amigo nuevamente llega al suelo.<br />
Mi visión periférica lo alcanza a ver, aunque no me muevo, salvo por los dedos en el teclado que él no puede ver.<br />
¿Cómo puedo ayudarlo?</p>
<p>Es hora de irme.  Tengo que hacer un trabajo.<br />
Tengo un amigo que necesita alcanzar la libertad.</p>
<p>Siento sus latidos mientras coloco delicadamente la chaqueta sobre mi amigo.  Siento el miedo, el instinto, el temblor.  Siento que mi propio corazón salta con el movimiento, el calor de ese cuerpecillo, lo desconocido.<br />
Siento la alegría, mientras libero a mi amigo en el campo y lo veo alejarse en la noche.<br />
Hoy dormiré bien y espero que tú también, mi amigo&#8230;</p>
<p>Así es La Vista del Monte&#8230;</p>
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		<title>Inicios Fenomenales</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jul 2011 23:17:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Blog]]></category>

		<category><![CDATA[Inspiración]]></category>

		<category><![CDATA[Julio 2011]]></category>

		<category><![CDATA[Revistas]]></category>

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		<description><![CDATA[En mis viajes por el país, siempre termino conversando acerca de hablar.
&#8220;Me gustaría hablar contigo acerca de cómo convertirme en orador&#8221;, comienza la conversación.
La mayoría de estos diálogos provienen de gente sincera y bien intencionada con sueños maravillosos.
&#8220;¿Qué tengo que hacer para ser un gran orador?&#8221;, se preguntan.
Para esta pregunta, tengo una respuesta estándar.
&#8220;Aproximadamente 500 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En mis viajes por el país, siempre termino conversando acerca de hablar.<br />
&#8220;Me gustaría hablar contigo acerca de cómo convertirme en orador&#8221;, comienza la conversación.<br />
La mayoría de estos diálogos provienen de gente sincera y bien intencionada con sueños maravillosos.</p>
<p>&#8220;¿Qué tengo que hacer para ser un gran orador?&#8221;, se preguntan.<br />
Para esta pregunta, tengo una respuesta estándar.<br />
&#8220;Aproximadamente 500 discursos&#8221;.<br />
Siempre digo lo mismo y lo creo desde el fondo de mi corazón.<br />
No hay sustituto para estar de pie en frente de una sala, una y otra vez.</p>
<p>Empecé a reflexionar sobre esta pregunta con un poco más de profundidad.<br />
¿Qué respuesta podría yo dar que pudiera ayudar a los oradores, tanto nuevos como experimentados?<br />
¿Qué fórmula secreta podríamos evocar que pudiera servir para todos sin excepción?<br />
Ya sé.</p>
<p>Inicios fenomenales.<br />
Si hay algo que puede salvar un discurso y dar a la audiencia el marco  adecuado para escuchar, es un inicio fenomenal: un inicio que los  atrape, los clave en sus asientos y los predisponga a creer que lo que  están a punto de escuchar será fantástico.<br />
Acato la regla de los 15 segundos.<br />
Tengo 15 segundos para lograr la conexión o estaré dando marcha atrás durante el resto de la conferencia.</p>
<p>Eso significa nada de saludos, nada de holas, nada de palabras desperdiciadas.<br />
Los primeros 15 segundos equivalen al horario estelar, la hora del espectáculo.</p>
<p>En mi repertorio personal, dispongo de tres discursos pulidos, aunque  francamente un gran discurso es suficiente, sobre todo para empezar.<br />
En el primer discurso, abro con una historia sobre mi amor por los  trenes, y el día en que mi hermano y yo decidimos poner un cochecito de  bebé en medio de los rieles, para ver lo que sucedería cuando llegara el  tren de las 4 de la tarde.<br />
En el segundo, comienzo a contar el salto que hice desde una grúa con una cuerda elástica atada alrededor de los tobillos.<br />
En el tercero, narro cómo ayudé a traer al mundo a mi hija, usando un  teléfono celular para seguir las instrucciones de la partera que estaba  atrapada en medio del tráfico en una autopista de Los Angeles en la hora  punta de la mañana.</p>
<p>Siempre lo logro.<br />
Hace que el resto sea mucho más fácil.<br />
Si hay algo que te puede poner en buen camino, es tu inicio.</p>
<p>Un par de consejos.<br />
En primer lugar, no hagas bromas a menos que la broma sea sobre ti,  —como cuando narras una divertida experiencia personal— o seas un  brillante, y me refiero a un brillante contador de chistes.<br />
En segundo lugar, una vez que te hayas &#8220;apoderado del escenario&#8221; al  hacer pausas, observar y dejar que la atención de la audiencia se dirija  a ti, comienza directamente por tu mejor material.<br />
En tercer lugar, ensaya, ensaya, ensaya.<br />
Por último, si quieres estar a la altura de una estrella de Broadway, tienes que contar TU historia, no la de otra persona.</p>
<p>Me toma alrededor de 100 horas pulir un discurso, entre escribirlo y  ensayarlo, antes de que lo pronuncie frente a una audiencia.<br />
Paso mucho de ese tiempo dedicado al inicio (y cierre).<br />
¿Por qué?<br />
Porque eso es lo que realmente funciona</p>
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		<item>
		<title>Solo Presente.</title>
		<link>http://richeli.com/revistas/solo-presente/</link>
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		<pubDate>Wed, 01 Jun 2011 22:54:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Blog]]></category>

		<category><![CDATA[Junio 2011]]></category>

		<category><![CDATA[Manifestar]]></category>

		<category><![CDATA[Revistas]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay días en que me despierto completamente exhausto.
Carezco del entusiasmo habitual que caracteriza la mayoría de mis mañanas, sin ninguna causa o razón aparente.
Si por mí fuera, nada me gustaría más que volver a la cama y acurrucarme con mi almohada favorita.
En cambio, arrastro mi viejo cuerpo hacia la cocina en busca de un poco [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay días en que me despierto completamente exhausto.<br />
Carezco del entusiasmo habitual que caracteriza la mayoría de mis mañanas, sin ninguna causa o razón aparente.<br />
Si por mí fuera, nada me gustaría más que volver a la cama y acurrucarme con mi almohada favorita.</p>
<p>En cambio, arrastro mi viejo cuerpo hacia la cocina en busca de un poco  de comida reconfortante para ver si eso me hace cambiar de ánimo.<br />
Nada mejor que un plato de huevos cargado de colesterol, reforzado por  dos buenas tostadas embadurnadas en mantequilla para aliviar el espíritu  y contribuir a mi malestar general.<br />
Ahora, con la barriga llena y regordeta, puedo incorporar la pereza a mi estado general.<br />
¡Sin duda, una combinación ganadora!</p>
<p>Lamentablemente, al igual que la mayoría de personas, no puedo darme el lujo de tomar un descanso cuando me plazca.<br />
El deber llama, como dicen por allí, y éste puede adoptar la forma de  trabajo, hijos, fechas límites o de cualquier otra cosa.<br />
Debo hallar la manera de desterrar la gloriosa imagen de un perezoso  que se aferra con nostalgia a un tronco en los recovecos de mi  imaginación y comenzar a moverme.<br />
¡Qué desagradable!</p>
<p>Con los años, he descubierto una fórmula mágica.<br />
El truco número uno para hacer que nuestro cerebro pase de neutral a en marcha es, en realidad, muy simple:<br />
Sólo preséntate.</p>
<p>Descubre la manera de arrastrar tu cuerpo hasta la estación y encárgate de él.<br />
Una vez allí, da un reacio y pequeño paso a la vez y embárcate.<br />
A falta de inspiración, nada combate la inercia con mayor rapidez que el movimiento.</p>
<p>Al igual que el sol derrite el rocío de la madrugada, el movimiento suele eliminar la niebla que cubre el cerebro.<br />
Los engranajes mentales comienzan a engancharse, las tomas de corriente  creativas se abren a regañadientes, comenzamos a poner en marcha más de  un cilindro.<br />
A medida que la niebla se convierte en vapor y se desvanece, la claridad toma el control.<br />
&#8220;Oye, hoy tengo un propósito. Es hora de avanzar en esa dirección.&#8221;</p>
<p>No todos los días pueden ser de campeonato.<br />
Casi siempre, la mayoría de nosotros nos consolamos con tan solo estar en el campo de juego.<br />
Evita recriminarte.<br />
Las personas de alto rendimiento tienden a ignorar su humanidad,  mientras que las de bajo rendimiento rompen el látigo sobre sus  espaldas.</p>
<p>Date un respiro.<br />
Permítete ser humano.<br />
Si tu mañana tiene el sabor de un Krispy Kreme, tómate otra taza de café para contrarrestar el azúcar.<br />
Cuando salgas de la rampa de entrada, pon tu canción favorita y súbele el volumen.<br />
Canta a coro.<br />
Te apuesto a que podrás arrancar una pizca de sonrisa de ese ceño fruncido.<br />
Cuando te pones en marcha, el mundo se mueve contigo.</p>
<p>Es curioso cómo algunos de mis mejores días se inician con una espesa niebla.<br />
El pasar de &#8220;no puedo levantarme de la cama&#8221; a &#8220;ok, bien, un día más de  pelea&#8221; a &#8220;vaya, creo que me está gustando lo que está fluyendo&#8221; no  siempre sucede con facilidad o sin dolor.<br />
Hay días en que esto no sucede en lo absoluto.</p>
<p>Sé que me doy la mejor oportunidad posible cuando cumplo con ese requisito fundamental:<br />
Me presento.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
	</channel>
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