A LA MANERA DE LOS CAMPEONES

Posted by admin - 07/10/08 at 02:10 pm

–¿Cuánto falta para la cascada? –preguntó el pequeño.
–Hasta que lleguemos a la curva, campeón –respondió el anciano, riéndose entre dientes.
–Eso es lo que dijiste la última vez, Paw-Paw –El niño hizo una pausa–. ¿Qué es un “campeón”?

El anciano miró largamente a su nieto antes de responderle.
–Un campeón es alguien que cree que puede ganar y que lo sigue intentando hasta lograrlo –dijo.
–¿Quieres decir que los campeones no siempre ganan? –preguntó el niño.
–No, hijo. Los campeones no ganan siempre. Pero sí creen que pueden hacerlo y, eventualmente, lo logran. La mayoría de los campeones pierden muchas veces antes de ganar.
–Eso suena difícil, Paw-Paw –señaló el niño.
–A veces. Tienes que entrenar tu fibra de campeón –El anciano indicó algo, más adelante en el camino–. ¿Ves esa mariposa?
–Sí, señor.
–¿De dónde salió?
–De un capullo –respondió el niño–. Tú me lo mostraste en el arbusto de las mariposas violetas.
–¿Y cómo salió de allí? –siguió el anciano.
–Cuando le crecieron las alas, lo rompió y salió –el niño dijo, sonriendo.
–¿Qué sucedió cuando ayudaste a que una de las mariposas saliera? –preguntó el anciano, presionándolo con voz suave.

La cara del niño se alargó.
–Las alas aún no tenían fuerza suficiente, se cayó al piso y se murió.
–Así es. Para poder volar, las mariposas tienen que volverse fuertes primero –El anciano colocó su palma sobre el hombro del niño–. Es igual con la gente: para ser campeón, tienes que hacerte fuerte. Sin embargo, no son las acciones las que tienen que mostrar tu fuerza, sino tus convicciones.
–¿Qué quieres decir, Paw-Paw? –preguntó el niño.
El anciano se detuvo y se inclinó para mirar al niño a los ojos.
–¿Te acuerdas cuando aprendiste a montar tu bicicleta?
–Sí, señor.
–¿Te acuerdas cuando te caíste?
–Sí, señor.
–¿Te acuerdas que te hiciste algunas cortadas y raspones y que tuviste que colocarte curitas y que, incluso, lloraste un poquito también?
–Sí, señor, pero no lloré mucho –aclaró el niño.
–¿Por qué seguiste intentándolo? –presionó el anciano.
–Porque sabía que podía hacerlo –dijo el niño–. Si Sammy había podido, sabía que yo también podría.

–Exacto –asintió el anciano–. A veces, tienes que tomar prestada la convicción de otra persona hasta que la tuya adquiere fuerza suficiente como para que ya no necesites la otra. Viste que Sammy lo hacía y creíste que, si él podía, tú también –dijo el anciano, sonriendo–. ¿Fue tan difícil ponerse de pie después de la caída?

–No –dijo el niño con fuerza.

–Claro que no –afirmó el anciano–. Nunca lo es si te aferras a tu convicción. Eso es algo que todos los campeones saben.

El anciano tomó la mano del niño y comenzó a ponerse de pie.

El niño tiró ligeramente de su dedo y detuvo al anciano. Sus ojos marrones miraron fijamente al anciano.

–Siempre voy a ser un campeón, Paw-Paw –afirmó el niño–. Porque siempre puedo volver a ponerme de pie.

–Claro que puedes –sonrió el anciano–. Claro que puedes.

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Citas del éxito

–Nunca se rinda, nunca se rinda, nunca, nunca, nunca, nunca–por nada ni grande ni pequeño, importante ni trivial, con la excepción de sus propias convicciones sobre el honor y sentido común.
-Winston Churchill

Puntos Claves

La mayoría de los campeones entienden, que como dice Jim Rohn: –Si pierdes, no pierdas la enseñanza. No debemos ni celebrar demasiado con cada victoria ni sentirnos demasiado mal por una derrota. Ambos nos dan la oportunidad para reflección personal, indispensable para nuestro crecimiento. Si nos comprometemos a seguir adelante sin parar, con su tiempo, la Ley de la Acumulación dictará que nuestras correctas acciones continuas sumen lo suficiente para sobresalir y el cumplimiento de nuestros sueños está garantizado. El punto clave es adoptar una atitud indomable que dice: –Yo nunca me rindo! y vivir nuestras vidas con ese espíritu.

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