Centímetro a centímetro.

Posted by admin - 01/12/10 at 02:12 pm

Bob se meció tres veces hacia atrás y hacia adelante en su silla de ruedas antes de levantarse.
Tomó el andador con el brazo izquierdo – el “brazo bueno”- e inició el recorrido de 30 pies por la acera en frente de su casa.
Me maravillé al ver lo mucho que había mejorado desde mi último viaje, hace un mes.
Finalmente, comenzó a caminar por sí solo.

Apoyaba la mayor parte de su peso en la pierna izquierda,  arrastraba la derecha, la menos cooperadora, hacia delante y luego utilizaba el andador para dar el siguiente paso.
Las gotas de sudor se acumulaban en su frente, brillando con el sol de la mañana.
¡Qué gran victoria!

Catorce años antes estuve parado en esa misma acera el día que nos conocimos.
Compré vino en la liquidación de un restaurante que Bob supervisaba y  fui a recogerlo.
Hablamos durante toda la tarde, nos hicimos amigos en forma instantánea.

Durante más de una década, Bob me enseñó sobre vino y comida.
Compartimos innumerable almuerzos y cenas.
Juntos, formamos el capítulo San Fernando de la Sociedad Internacional de Vino y Comida.
Cuando se trata de buena comida, Bob ha olvidado más de lo que la mayoría de nosotros jamás sabrá.

Hace poco más de un año, después de uno de esos almuerzos, me paré en la acera en frente del restaurante, esperando despedirme de Bob, quien se detuvo para usar el baño.
Salió por la puerta principal con una mirada extraña en el rostro y comenzó a adelantarme el paso en dirección al estacionamiento.

“Bob”, le pregunté, “¿Está todo bien?”
Continuó avanzando, en una suerte de extraño trance, moviéndose en dirección a su camioneta.
“Bob”, insistí.  “Soy yo, Ridge.  ¿Estás bien?”

Luego, colapsó.
Lo alcancé apenas antes de que cayera al pavimento.
Justo en frente de mí, Bob sufrió un derrame cerebral.

Después de semanas en el hospital, trasladaron a Bob a un centro de tratamiento, donde pasó los próximos meses.
Luego de recuperar suficientes capacidades motoras, se le permitió regresar a casa para continuar el dolorosamente lento proceso de recuperación.

La brillante sonrisa de Bob me garantiza que su travieso ser está sano y salvo, a pesar de que aún no puede hablar.
Levanta las cejas y me señala con el dedo, tira de su brazo derecho usando el izquierdo, para mostrarme a qué distancia puede extenderlo.
Centímetro a centímetro, veo su avance.
Es increíble.

¿Cuántos de nosotros damos por sentada nuestra salud?
¿Cuántos de nosotros soportamos molestias sin sentido, dejamos nuestro hogar enojados, olvidamos lo precioso de cada momento?
¿Y si hoy fuera el último día en que tuvieras la oportunidad de decirle a tu familia que la amas?
¿Dejaste escapar esa oportunidad?
¿Lo haces a menudo?

En mi propia soberbia, dejo pasar alguna de esas oportunidades.
Atascado en mi propia arrogancia, me aferro a un tonto rencor o convierto en un gran problema unas cuantas palabras dichas apresuradamente.
Qué desperdicio.
Fue necesaria ver la valiente lucha de Bob por la acera para salir del barro.
Sería bueno si no necesitara el recordatorio.

Ansío sentarme en la terraza trasera junto a la cascada y hablar sobre los matices de un vino tinto favorito.
Muy pronto, viejo amigo, muy pronto.

¡Salud!

One Response to “Centímetro a centímetro.”

  1. Felix A. says:
    Diciembre 27th, 2010 at 2:20 am

    Amigo Richeli:
    Y permitame llamerle así, porque quiero expresarle mi gratitud por tanta sabiduría compartida en la entrevista con el amigo Saldarriaga, a través de quien le conocí…Y bueno por qué no también porque son apacionado de la naturaleza y los buenos vinos.
    Les deseo a ud y familia mucha salud y que siga conquistando la amistad de tantas personas.
    Un fuerte abrazo desde la cálida isla de Tenerife-Canarias.

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