Él dijo, ella dijo

Posted by admin - 01/05/10 at 06:05 pm

“No es mi culpa”, dijo ella.  “No es mi madera”, respondió él.

“Joe no hizo lo que debía”, agregó ella.

“Tampoco Pat”, añadió él.

¿Qué hay de malo en este diálogo?

Señalar con el dedo ha pasado de ser un evento aislado a algo cotidiano.

Nos hemos vuelto mentalmente gordos.

Estoy harto de eso.

Dudo que alguna vez escuchemos a George Washington, Thomas Jefferson o Abe repartir culpa como cocineros rápidos que fríen hamburguesas.

Hoy en día, la frase “él dijo, ella dijo”  se ha convertido en un mantra, transmitido de padres a hijos.

Hace unas semanas oí a un niño quejarse de que no podía hacer su tarea porque el profesor no hizo la asignación lo suficientemente clara.

¿Ah?

Aquí viene lo bueno, el padre estuvo de acuerdo con ello.

¿Qué?

Ah, la vergüenza.

Simplemente desagradable.

¿Dónde están nuestras agallas?

Mi imagen de Estados Unidos evoca a Teddy Roosevelt embistiendo la colina o a los Bomberos del Departamento de Nueva York precipitándose hacia el World Trade Center, no a un montón de ñoños acusetes que demandan a las cadenas de comida rápida por rellenar sus propios rostros.

¿Por qué hacen eso?

Vea su mano.

Cada vez que señala con el dedo, tres dedos lo señalan a usted, tal como debe ser.

Usted es responsable de sí mismo, nadie más, ni ahora ni nunca.

Me encanta cuando le pregunto a alguien cómo está y me contesta:

“No me puedo quejar”

Mi respuesta es siempre la misma:

“¿Acaso no le haría bien si lo hiciera?”

Las quejas y las culpas centran nuestra atención en el problema y nos alejan de la solución.

Claro, a veces pasar la pelota puede parecer más fácil.  No lo es.

Con ello solo retrasamos la confrontación con el problema que inevitablemente aumenta y empeora.  Ajústese los pantalones, aspire un poco de valor, lo que sea.

Necesitamos una fuerte dosis de responsabilidad personal.

Una vez tuve el privilegio de asistir a un discurso pronunciado por el general Norman Shwarzkoff.

Él compartió con el público el credo con el cual comandaba a sus tropas:

Regla número trece - Cuando esté al mando, hágase cargo.

¿Adivine qué?  Cuando se trata de su vida, usted está al mando.

Así que hágase cargo, hágase cargo totalmente, en todos los aspectos.

Si no le agrada su jefe, adquiera nuevos conocimientos y consiga un mejor trabajo.

Si no le gusta su cuerpo, programe la alarma 30 minutos antes, póngase su calzado favorito y comience a caminar.

Si no tiene una relación, trabaje en sus habilidades para escuchar y vaya a conocer a alguien.

Tendrá que hacer algo diferente si quiere un resultado diferente.

Basta ya de hablar mal, de lamentarse y de quejarse.

Lo único que logra con eso es deprimirse y no salir de ese estado.

Hágame un favor.

Solo una vez hoy, deténgase.

Mientras las palabras adquieren forma en su lengua, trágueselas.

Engúllalas con fuerza.

En lugar de buscar una excusa o un culpable, hágase la siguiente pregunta:

“¿Qué puedo hacer?

¿Cómo puedo cambiar…?”

Su propia respuesta lo puede sorprender.

Incluso podría hacerlo sonreír.

Las soluciones generalmente logran eso.

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