Felicidad fugaz
Posted by admin - 15/02/10 at 12:02 pm “No puedes capturar la felicidad, no importa el esfuerzo que hagas para perseguirla. La felicidad es algo que te sigue.”
Las palabras del viejo sabio hicieron eco en el corazón del joven, sonando a un ritmo constante, como la canción que se toca una y otra vez sin respiro.
“¿Qué significa eso?”, se preguntó. “Es hora de caminar”, continuó, atrapado en su diálogo interior.
Pensó en todas las maneras en que trató de encontrar alegría duradera: desde emociones baratas hasta mayores inversiones emocionales que aún así lo dejaron vacío, en el punto de partida, solo con algunas cicatrices y arrugas y tal vez un pequeño atisbo de lo que debía evitar. Ninguna de ellas le había permitido hallar la solución y más bien reflejaban la idea de que ‘el dolor se detiene cuando dejes de pegarte con el bate de béisbol’, idea con la que no se lograba nada.
Por lo menos no retrocedía.
¿O sí?
“Nunca encontrarás la felicidad si buscas evitar el dolor”, reflexionó dentro de su adolorida cabeza, un dolor que le rasgaba el alma, llegaba profundamente a sus entrañas para molestarlo y atormentarlo, y revolvía su estómago haciéndolo sentir unas náuseas enfermizas como producto de una resaca, las cuales se adherían como una hiedra que asfixia una chimenea. “Tengo que averiguarlo”, añadió, “Quiero ser feliz”.
Mantuvo un pie delante del otro, como si de algún modo la marcha hiciera que el entendimiento diera un paso adelante y se diera a conocer.
No hubo tal suerte, aunque se comprometió a continuar.
Su paso lento dio pie a la introspección: avanzaba con dificultad, buscaba, avanzaba con dificultad, buscaba.
Las ruedas mentales giraban, aunque luchaba contra una vaga noción de que las respuestas solo surgirían o se materializarían en el silencio.
“No puedo capturar la felicidad, pero ansío lograrlo. Trato de hacer lo correcto, pero se me escapa, como si empujara una cuerda. ¿Cuándo lo correcto da resultados? ¿Cuándo lo suficiente es suficiente? ¿Cómo la capturo? ¿Acaso puedo?”
Sus piernas lo llevaron mientras su mente se agitaba.
“Sé que no puede mirar fuera de mí, pero ¿cómo veo dentro? De todos modos, ¿en qué me ayuda ver? ¿Qué hago con lo que veo?”
Mientras seguía pensando se tropezó con una piedra y se cayó: una herida en la rodilla, un rasponazo en la palma de la mano.
Se quedó sentado por largo rato viendo con una extraña sonrisa en los labios cómo sangraban las heridas.
“¿Qué es eso?”, reflexionó.
A pesar de lo que le ocurría, sintió que una leve sonrisa se trepaba por su barbilla.
Finalmente, se convirtió en una amplia sonrisa, como el sol que se levanta entre dos cimas, llenando el espacio con una luz pálida que gana fuerza con cada momento que pasa, un espacio que se inunda con rosas y rojos y hace que el valle entre las cúspides fluya despertando a todos los que están abajo.
De repente supo, como todos sabemos, en ese profundo y sabio lugar, que la piedra que lo hizo caer le comunicó una verdad universal.
Solo él podía abrir la chirriante y quejumbrosa puerta que ocultaba sus secretos más oscuros, así como su iluminación para construir un camino donde la felicidad se posara y lo abrazara.
Se lamió la sangre de la muñeca y probó su sabor, miró sus vaqueros rotos, la piel desnuda salpicada con restos de gravilla, levantó la vista y descubrió una fila de árboles color verde esmeralda, un cielo azul, una nube perdida, un halcón que surcaba el cielo y unos ojos brillantes que le devolvían la mirada dándole, durante un momento de silencio, un pedacito de felicidad.

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Febrero 20th, 2010 at 2:39 am
Gracias es una buena reflexion lastima que ya no me lleguen, me gusta su estilo diafano
Un gran Abrazo