Ojos atormentados.

Posted by admin - 05/03/10 at 02:03 pm

Los ojos del niño me siguen por la habitación.

Sus finos labios pintados no esbozan ni una mínima sonrisa, solo un decir, un saber mucho más allá de sus tiernos años, o tal vez él sabe, tal vez lo sabe todo y mira fijamente desde el retrato con generaciones de patrones y sufrimientos que se vierten a través de él.

La madre junto a él resplandece con amor suave, un resplandor genuino y cálido que envía un mensaje de eternidad, con la cabeza inclinada hacia la de él, mientras acurruca a su preciado tesoro.

Ella facilita mirarla: la luz que nunca se detiene, el instante congelado que clama gratitud por el niño, pasión por el hombre y la satisfacción de ella, la mujer, la creadora, la dadora de vida.

Sus ojos, también tienen gran profundidad, oscuridad, melancolía, un vacío que me absorbe y sigue absorbiendo, seductor, embriagador, como una peligrosa ambrosía que engendra una insaciable sed y me deja sediento sin importar lo mucho que beba.

Sin embargo, en ella, no veo el tormento.

¿Acaso ha sido transferido?

¿Acaso las horribles pesadillas que se originaron antaño se transmitieron de padres a hijos, en una perpetuación interminable del relato cansado, otro amarre desgastado que dejó un barco más a la deriva sin una vela, una caña de timón o un capitán?

¿Qué es lo que piensa él o acaso solo siente?

Él tiene los ojos de su abuela y de su abuelo, y de las madres y los padres de ellos.

La misma historia de accidentes, contusiones y acuerdos, el ciclo de frustraciones, la búsqueda de una cierta medida de alivio en vidas predestinadas que permiten que los jóvenes hablen tonterías como la sangre que se escurre entre los pequeños dientes de una sanguijuela, una gota a la vez, casi imperceptible, hasta que desaparece.

¿Acaso él imitaría sus destinos?

La piel del bebé sin manchas se burla de la idea de revivir lo antiguo.

Ni una sola arruga señala el dolor o el placer de la experiencia.

Las posibilidades de un millar de diferentes resultados parecen muy reales.

Quizás ella puede hacer magia.

Quizás ha roto el ciclo y la mirada del niño cuelga en la pared como un recordatorio.

Quizás ella ha descifrado el código, cavó un surco profundo en su karma y llegó allí con una linterna e iluminó el camino.

Quizás lo que él necesita no es una luz sino más bien una mano a lo largo de su viaje, un apoyo, el aliento de una figura de confianza para darle fuerza cuando se tropieza y que lo levante cuando cae.

Quizás nos sorprenda a todos y forje un nuevo camino, un camino revolucionario que deje atrás los recelos perpetuos de sus ancestros.

Quizás rechace los mismos errores y avance con valentía sin lastres.

Quizás.

Me pregunto si ella sabía lo mucho que ella misma hablaba cuando pintó esos ojos atormentados.

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