Sigue Manifestando

Posted by admin - 10/12/11 at 09:12 pm

El sol se deslizó sobre el horizonte y se alojó por encima del litoral, bañando la playa en un cómodo resplandor matutino.
Nubes solitarias salpicaban el telón de fondo; perezosos holgazanes andaban sin prisa por el cielo, calmados; filósofos de cabello blanco contemplaban el ajetreo de abajo.
Corrí con un par de libélulas por el camino, eché una mirada a los trabajadores que terminaban el techo de otra casa de un millón de dólares, observé el nuevo barco de pesca estacionado en la entrada de una de las propiedades alquiladas frente al mar.

Abundancia por doquier, abundancia de belleza, abundancia de fortuna.
Otro día en el paraíso.

Esto me plantea una pregunta inquietantemente fascinante.
¿Por qué algunos sí y otros no?
¿Por qué los constructores de lujosos condominios de varios pisos viven en casas rodantes en ruinas?
Por otro lado, ¿por qué la riqueza material provoca tanta carencia de relaciones?

Nadie puede negar la elasticidad de nuestro universo, su increíble poder de regeneración y su permanente capacidad para proveer. Las flores crecen, vibrantes, coloridas, gloriosas, pocos minutos después del paso de un tornado o del retroceso de una inundación.
Vivimos rodeados de una fuente inagotable de abundancia.
¿Cómo fluye todo?

¿Puede la persona que gana $25,000 al mes ser diez veces más inteligente que alguien que gana $2,500, y el financista que gana $250,000 en el mismo período incluso diez veces más sabio?

Eso no tiene sentido.
¿Cómo es que un hogar repleto de muebles usados y de niños amontonados comparte alegres comidas de macarrones con queso sazonados con risa, a pesar de que el plazo para pagar el alquiler ya ha vencido hace tiempo?
La mente se aturde y se confunde.

Echemos un vistazo al medio ambiente.
La marea sube y baja.
El invierno abre paso a la primavera.
Los cultivos de verano se convierten en plantaciones de otoño.
La luna sale de noche y ha sido así desde tiempos inmemoriales.

Echemos un vistazo a la cuestión del dinero.
Algunos de nosotros tenemos muchísimo, mientras que otros no.
Algunos de nosotros ganamos mucho, mientras que otros apenas sobrevivimos.

A menos que vivas en la cima de una montaña, un rápido paseo por el vecindario revelará los diferentes tamaños de cuentas bancarias sin que esto tenga un gran impacto en el cociente de felicidad.
Aquellos que se sientan en primera clase a menudo parecen más gruñones que el resto de nosotros en la clase económica.
Vaya uno a saber.

Sino vamos a plantear una solución, por lo menos digamos lo obvio:
La prosperidad, en todas sus encarnaciones, proviene del interior.

La manera en que se presenta y decora nuestro mundo —bueno— depende de nosotros.
Estoy convencido de que podemos aprender las habilidades para generar riqueza, pero la disciplina debe venir desde el interior.
La mayoría de nosotros tiene los músculos necesarios para sonreír, pero el impulso emana del interior.
Las trampas sólo traen alegrías fugaces, mientras que la alegría duradera nace del corazón, un organismo activo que vive y respira y que sólo puede sobrevivir en un lugar: el interior.

¿Cuánto esfuerzo pones en tu vida interior, sembrando, nutriendo, cultivando, cosechando y celebrando tu propia generosidad?
Si juzgamos a nuestro árbol por el fruto que da, entonces eres tú la única persona que puede decidir si tu cosecha actual coincide con tus expectativas.

Si no lo hace, ya sabes a quién recurrir.

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