Un nuevo comienzo…

Posted by admin - 15/11/08 at 03:11 pm

El niño no se apartó de su lado de la calle.
Al haber crecido en la ciudad, nunca había visto árboles de ese tamaño, tan poderosos como para atravesar la acera y romper el cemento con sus raíces.
No estaba acostumbrado a ver perros, pájaros y flores en casi todos los patios. Caminaba lentamente, perdido en sus pensamientos, tratando de absorber todo aquello.

Fue entonces cuando la vio.
Ella venía hacia él desde la esquina contraria, con un balde repleto de herramientas de jardín.
“Es ella”, exclamó mentalmente, “la mala”.

La melena descontrolada le caía sobre la frente y las mejillas en arroyos rubios y desaliñados que le enmarcaban el rostro, algunos de ellos descuidados y enmarañados.
Él apenas si podía verle los ojos.
“No parece tan mala”, reflexionó.

Sin embargo, recordó lo que Billy le había dicho y se contuvo de contemplarla, atrapado entre la curiosidad y esos fantasmas protectores que llevaba dentro y que le hacían temer el rechazo, lo desconocido y, sobre todo, ser herido.
Giró hacia su casa y subió los cuatro escalones que conducían al pórtico trasero y, de allí, al santuario que era la cocina de Mamá.

—La vi —dijo.
—¿A quién? —preguntó su madre.
—A la niña mala.
Ella dejó la ensalada que tenía en sus manos y centró toda su atención en el niño.
—¿Qué quieres decir con eso de “la niña mala”? —Contuvo sus emociones y esperó.
—Es esa niña descuidada de la que me habló Billy —dijo—. Le gusta andar sola en la parte lejana del parque, en la explanada que dice que es suya y nunca habla con nadie ni juega con los otros niños. Todos le tienen miedo.
—¿Le dijiste “hola”? —La madre se agachó para estar al nivel del niño—. Quizás ella no es lo que tú piensas. Quizás sólo necesita que le den una oportunidad. Quizás nunca nadie llegó a conocerla —hizo una pausa—. ¿Recuerdas cuando hablamos sobre volver a empezar?

El niño revivió en su mente aquel día en que su madre lo sentó en esa diminuta sala de estar unos pocos meses después de que su padre había muerto y le contó que se mudarían.
Le contó que podrían tener una mejor vida en el campo, una oportunidad para comenzar de nuevo en un ambiente diferente, un espacio donde todo sería mucho mejor para ellos.
Ella lo ayudó a admitir que él tenía miedo, mientras le frotaba su pecho frágil del cual él intentaba sacar todo tipo de demonios que trataban cerrarle el corazón.
Él asintió con la cabeza, pero no dijo nada más.

Unos días después, el niño se encontró en el parque muy temprano.
Primero, pensó que estaba solo.
Miró a lo lejos y descubrió a la niña arrodillada en la tierra con la mano firme sobre un palustre, concentrada en su trabajo.
El niño resistió el deseo de huir; un pánico momentáneo basado en heridas del pasado y emociones sin resolver, demasiado oscuras como para sacarlas a la luz.
Se colocó la palma sobre el pecho y atrajo la energía de su madre, esa fortaleza infinita que alejaba con amor su propio terror cada vez que un espíritu tenebroso se apoderaba de él.
Caminó dispuesto hacia la niña.

Por el camino, se inclinó y tomó una margarita de un amarillo reluciente, la más grande que encontró.
Se acercó a ella con pies de plomo, un paso frágil tras otro, batallando con su agitación.
La niña se detuvo y lo observó, perpleja y sin expresión alguna.

—Te traje esta flor —dijo entre dientes—. He visto que te gustan las flores. La sostuvo delante de él.
Lentamente, una sonrisa tímida en la cara de la niña fue conectando la punta del mentón con las comisuras de los labios y se hizo más amplia para dejar ver una fila de dientes derechos, de un blanco perlado que le iluminó la parte inferior de su rostro.
—Qué lindo gesto —dijo ella, con una voz suave y femenina—. Me llamo Ceci.
El niño sintió que su propio rostro se animaba y resplandecía.
—Soy Johnny —dijo—. Mi Mamá y yo acabamos de mudarnos aquí.
—¿Y a ti también te gustan las flores? —le preguntó ella.
—Vengo de la ciudad y no sé mucho de eso —admitió—. Pero me encantaría aprender.
—Te enseñaré —respondió la niña—. Siéntate junto a mí.

Horas después, el niño regresó a casa, cambiado.
Irrumpió en la cocina, hablando sin parar.
—La conocí y se llama Ceci y no es para nada mala y me está enseñando sobre las flores y ella también perdió a sus padres hace dos años y tampoco hace mucho que se mudó aquí y vive con su Abuela y su Abuelo con una gatita que se llama Moli y me prometió que yo podría jugar con ella en algún momento. Y es muy agradable y me contó toda su historia y es muy parecida a la nuestra.
—¡Vaya! —La mamá del niño le puso una mano sobre el corazón—. Cuánta información.
—Es como nosotros, Mamá —expresó el niño emocionado—. Puedo darme cuenta.
—¿A qué te refieres, hijo? —dijo la mamá a continuación.

—Es tal como dijiste, Mamá. Nadie le había dado una oportunidad.
Se detuvo unos momentos.
Su madre le acarició el pecho suavemente.
—Ella es igual a nosotros, Mamá. Lo único que necesitaba era un nuevo comienzo.

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Citas Del éxito

El aprendizaje es el comienzo de la fortuna. Es el comienzo de la salud. Es el comienzo de la espiritualidad. Buscando y aprendiendo es donde comienza este proceso milagroso.
-Jim Rohn

Puntos Claves

A todos nos han tocado tiempos difíciles. A todos nos ha pegado golpes la vida, a unos mas que a otros. A todos nos han rechazado lo cual duele. No es nada divertido. El reto yace en que las dificultades son lo que son, no van a desaparecer y cada uno de nosotros tiene que desarollar la fuerza interna como para enfrentarlos, sobrepasarlos y perder el miedo a reiniciar despues de un tropiezo. De vez en cuando nos vamos a caer. Joven o viejo, rico o pobre, hombre o mujer, no importa. En ese momento duro tenemos siempre la misma decisión—me levanto, ¿sí o no?
Los ganadores en esta vida, no son los mas talentosos, los mas capaces, los mas educados. Los ganadores son los que una y otra vez, a pesar de las caídas, de los morados, de las cicatrices, se levanta y comienzan la labor de nuevo. Acerca del éxito, mi mentor me dijo un día:
–No me importa tanto la inteligencia. Dame la persona que se niega a rendirse. Yo quiero ese ser especial que nunca, nunca se rinde.
¿Qué es la clave para crecer esa fortaleza de espíritu? Saber que cada vez que nos levantamos nos brinda la oportunidad para un nuevo comienzo. El único lugar donde el éxito viene antes que el trabajo, es en el diccionario.
¡A trabajar se ha dicho!

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