Una lágrima perdida…

Posted by admin - 29/07/12 at 02:07 pm

Se me ilumino el rostro cuando la pareja entró en el vestíbulo en el que nos encontrábamos en pie manteniendo una animada conversación.
Les recibí con los brazos abiertos, ignore los teléfonos celulares pegados a sus orejas, los salude a cada uno, primero al marido, luego a la mujer que lo seguía ligeramente más atrás.

Completamente ajeno, no me di cuenta de la expresión de dolor en su cara cuando intercambiábamos abrazos.
Cuando nos separamos, observé una lágrima perdida escapando del rabillo de su ojo.
Él siguió caminando mientras yo llevaba mi atención hacia su mujer.

“Él acaba de descubrir que su hermana ha fallecido”, dijo ella en un murmullo.
“Lo siento” repliqué, y me quedé de piedra en silencio.
Miré al otro lado a tiempo de ver al hombre apoyando su frente contra la pared más distante.
“Creo que nos vamos a ir” añadió ella.
“Lo comprendo perfectamente” mascullé, porque me faltaron las palabras. “Lo siento tanto” repetí.
Ella se dirigió a consolar a su hombre.
No habiendo perdido todavía un padre o hermano, me sentía bastante tonto.

Más tarde, las preguntas se sucedieron rápidamente en mi cerebro.
¿Por qué el tema de la muerte nos deja en silencio?
¿La evitamos tanto que nunca aprendemos a hacerle frente cuando llega el momento?
¿Serviría de algo de todas maneras?
¿No sabemos como empatizar con el dolor de otras personas?
¿No nos importa lo suficiente o nos importa pero aun así carecemos de las herramientas o de las habilidades o de la experiencia para apoyar mejor a otros en momentos de necesidad?
O quizá ninguna respuesta será nunca suficiente en tales asuntos del corazón y solamente el tiempo puede rellenar ese enorme, extraño y feo vacío que araña los recesos del alma.

Pensé en la madre que pierde al hijo por una enfermedad, en el soldado que deja su vida en el campo de batalla, los accidentes que nos separan de nuestros seres queridos, y en esa salvaje bestia llamada ira que erupciona de forma violenta con poca consideración de la víctima hasta que es demasiado tarde.
Siempre una constante: el sufrimiento. Diferente para cada uno de nosotros, pero soportado por todos, grandes y pequeños, jóvenes y mayores, débiles y fuertes, con tan poca discriminación como un temporal de viento o una ola de calor, algunas veces llegando en ráfagas, a veces golpeándonos sin respiro, despiadado.

Y después se desvanece.
La magia de la resiliencia humana se arrastra sigilosamente y sin anunciarse se pone a trabajar: una fugaz sonrisa, la primera risa, un encogerse de hombros que te libera de un albatros de dolor, un cielo azul que realmente notas, una lamida de un cachorro que te provoca una sonrisa de oreja a oreja, una galleta que te trae una medida de dulzura que no desaparece instantáneamente, un recuerdo que abre la puerta a la alegría para mirar atrás y que se queda por un ratito.

Quizá nunca lo descubramos.
Quizá no haya nada que descubrir.
Quizá es duro decir adiós de forma permanente y todavía más duro aceptarlo.
Quizá la tragedia da paso para el verdadero amor, una dicha nacida del contraste de la angustia.
Quizá las lágrimas van disipando el dolor de la pérdida, una gota salada tras la otra.
Quizá no necesitamos saber, solo sentir.
Quizá…

El sol volverá a salir mañana. Apuesta tu último dólar a que mañana…

One Response to “Una lágrima perdida…”

  1. Juan Hernández says:
    Agosto 28th, 2013 at 12:36 pm

    Gracias por compartir Richeli, me gusto mucho este articulo

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