Verano en llamas

Posted by admin - 01/08/10 at 06:08 pm

Al dar el tercer paso fuera de la puerta principal, una creciente gota de sudor se acumulaba justo por encima de su ojo.
Había comenzado su perezoso viaje hacia abajo, a la altura de la ceja, se había abierto paso entre los valles de la uña de gato y por la suave piel de la mejilla, por encima de la línea de la barba.
Llegado ese momento, otras gotas se le unieron en un viaje lento y constante que siguió por su cuello.

Se secó la sien y sacudió las gotas de sus dedos.
“Uf”, pensó.”Hace un calor horrible”.
Cruzó el estacionamiento hasta llegar a su auto, giró la llave y abrió la puerta.
El vapor de horno proveniente del interior lo tomó por sorpresa y le hizo dar un paso atrás.

Tan pronto como pudo, arrancó el motor, bajó las ventanas, puso el aire acondicionado al máximo y trató de ignorar el vinilo caliente que quemaba su espalda y que pronto se convirtió en un fino viso de transpiración que hizo que su camisa se aferrara a él como un trapo húmedo.
Incluso el volante chamuscaba la palma de su mano.
“Qué asco”, espetó para sí mismo.”Estoy hecho una bola de sudor.”
La temperatura exterior era de 97.

En su momento, la corriente fría hizo que el viaje sea soportable y le permitió, por momentos, apartar su mente de sus ropas empapadas.
Miró por el parabrisas el mundo exterior como si se tratara de una película que pasa en cámara lenta: árboles, césped, casas, a veces grupos de niños que pasan saltando una y otra por un aspersor.
El vapor se concentraba sobre el asfalto como un banco de niebla a baja altura.
El barrio entero parecía estar cubierto por una niebla, una humedad tan espesa que hasta podía saborearla en la corriente filtrada de filamentos que soplaba a través de las rejillas del tablero de instrumentos.

“¿Cuándo terminará todo esto?” se quejó en su interior. “¿Cuánto más vamos a soportar?
Día cincuenta y tantos con una temperatura a más de 100; si bien no llega a ser un nuevo récord, está muy cerca de serlo.
Sentía compasión por los que trabajaban bajo ese tórrido sol.
“¿Cómo pueden hacerlo?”, se preguntaba, aunque sólo por un instante.
“¿Cómo pudieron aguantar durante los pasados milenios anteriores a la llegada del aire acondicionado?”

Una sonrisa comenzó a dibujarse en sus labios.
Luchó contra el impulso de resistirse a ella y dejó que su rostro se iluminara suavemente. Hubo un cambio gradual de pobre de mí a la vida no es tan mala: esa transición que muchos de nosotros deseamos pero nos la negamos ante tal o cual circunstancia natural, un problema momentáneo o un intercambio desagradable.
Sobrepasó un camión de servicios públicos y vio cómo un hombre con un overol de color naranja se quitaba el casco y se secaba el sudor de la frente.
Él lo saludó.
El hombre sonrió y le devolvió el saludo.

Dirigió su mirada hacia arriba a la bola de fuego e hizo una mueca frente a su intensidad.
Esta vez, no pudo arrancarle una sonrisa.

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